Se han lanzado botellas contra
buques para celebrar la botadura de un inmenso barco que surcaría el océano y
se han cortado cordones gruesos, que costaba cortarlos. La historia está llena
de rituales y sus protagonistas han sido Reyes, Jefes de Estado, gobernantes de
distintos ámbitos, de una nación, de una comunidad, de un pueblo. ¿Qué tendrá
el cordón que tanto gusta?
Hay cierta pasión por el cordón y
por el champán. Tal vez por eso, cortar el cordón y lanzar una botella de champán
producen un éxtasis que sólo pueden describir quienes lo han vivido alguna vez,
quienes han ejercido el poder desde el rito, desde la teatralidad. Y algo
de teatralidad siempre tiene el sillón, el saludo, el gesto intercambiado entre
quienes representan y quienes asumen ser representados.
Se están colocando cordones y
poniendo a enfriar botellas de champán para estas ceremonias de la confusión
que son la inauguraciones preelectorales. Porque cuando sólo falten unos 55
días para las elecciones (cuando se convoquen las elecciones) ya no se podrán
cortar cordones, ni hacer anuncios de promesas electorales porque la Ley Orgánica del
Régimen Electoral lo prohíbe con toda claridad: "Queda prohibido realizar
cualquier acto de inauguración de obras o servicios públicos o proyectos de
éstos, cualquiera que sea la denominación utilizada, sin perjuicio de que
dichas obras o servicios puedan entrar en funcionamiento en dicho período".
Por eso, estos días de febrero y
marzo son tiempos de inauguraciones y anuncios electoralistas, y lo mismo vamos
a oír hablar de bajada de impuestos que de mercados abandonados para los que
hay un plan inminente aunque olvidado 25 años. Es así que en la administración
de la cultura pública cuya competencia es del Ayuntamiento de Madrid estamos
asistiendo a la ceremonia de la confusión
Esta semana la alcaldesa inaugura
un faro que no ilumina, un faro que lleva años cerrado, un faro del que se
presenta el plan para ponerlo en marcha. Tan insólito como abrir una exposición
de Arco en el Conjunto Daoíz y Velarde, que se anunció como el gran centro de
artes escénicas para niños poro cuyo teatro sigue sin acabar. Pero es que
estamos en febrero y cualquier excusa vale, hasta la de Arco.
Saltan las páginas de los
calendarios y se reparten los días entre anuncios y declaraciones de promesas que
no se pueden cumplir, que nadie piensa en si se pueden o no cumplir porque se
pueden decir por quien no va a seguir en el cargo con cierta ligereza y la
tranquilidad de quien no será responsable de lo dicho. Como hoy no se le piden
responsabilidades a Gallardón de aquel museo cerrado, el museo municipal de
arte contemporáneo, cuya reinauguración sólo es una tercera parte de los
previsto ni de tantos compromisos, como el Palacio de la Música.
Se inauguran edificios
incompletos, con una mala rehabilitación, con defectos y en su mayoría, sin
definición. Pero es que son tiempos de cortar cordones sin pedir explicaciones
o algunos así lo piensan.