Una vecina de Alcalá de Henares denunció en el siglo XVII las palizas de su marido. Dos historiadores recuerdan en un libro el largo proceso judicial que tuvo que vivir.
Francisca de Pedraza vivió un calvario durante su matrimonio. Palizas
y violaciones eran constantes en su vida conyugal. Por aquel entonces pegar a las mujeres era una práctica frecuente sobre la que nadie se entrometía.
Denunciar abusos, simplemente, una utopía. Huérfana de padre y madre, fue educada en
un colegio de monjas. Su marido, Jerónimo de Jaras, había quebrado todos
los juramentos del matrimonio católico y por ello, por su fe en Dios,
decidió acudir a la justicia de la época y solicitar legalmente un
divorcio. Ignacio Ruiz Rodríguez y Fernando Bermejo Batanero, profesores
de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), han estudiado el manuscrito
de un "inmenso" proceso judicial y recuerdan la historia de esta mujer
en el libro 'Una alcalaína frente a un mundo: el divorcio de Francisca de Pedraza'.
Francisca era una mujer de clase media-baja, sin influencias. Se casó
sobre los 15 o 16 años y tuvo dos hijos, varones, con su maltratador.
Cuando estaba embarazada del tercero, Jerónimo de Jaras la hizo abortar a
base de patadas en el vientre en plena calle. Y ya no pudo más. Acudió
en primera instancia a la justicia ordinaria, que le derivó a la
eclesiástica por tratarse de asuntos sagrados. Los religiosos, en 1619, no
quedaron indiferentes ante la situación de la demandante pues, según
documentaron, "daba lástima verla". Condenaron al marido a ser "bueno y honesto" y a que tratara a la demandante "con mucho amor".
Tras la sentencia, inaudita para la época, Jerónimo se vengó: la raptó,
la violó y le dio una paliza que la dejó al borde de la muerte.
Pero Francisca no cejó en su empeño de reclamar justicia. Fue
finalmente la jurisdicción universitaria, la corte de Justicia de la
Universidad de Alcalá, la que en 1624 dictó una cédula sin precedentes
conocidos mediante la cual concedía el divorcio a la demandante, dictaba
una orden de alejamiento y condenaba al agresor a la devolución de la
dote. Los testigos de la causa, uno a uno, ratificaron las palabras de
Francisca. "Por aquel entonces el divorcio no era como lo conocemos
ahora, el divorcio era el permiso para vivir en un domicilio diferente",
explica el profesor Ignacio Ruiz Rodríguez en una conversación con este
digital. Se sabe que Jerónimo presentó un recurso al entender que la mujer debía estar a su lado.
Parece ser que la corte lo dilató y finalmente lo archivó. Pero aquí
termina la documentación encontrada sobre el caso. "Me gusta imaginar
que después Francisca vivió libre", concluye Ruiz Rodríguez, quien comenzó su "idilio" por Francisca mientras elaboraba una tesis doctoral sobre la jurisdicción universitaria de Alcalá.
Los autores del libro solicitarán al Ayuntamiento alcalaíno que una calle lleve el nombre de Francisca de Pedraza,
para rendir homenaje a una mujer que se atrevió a denunciar hace casi 400 años la violencia machista, una enfermedad social que permanece
viva en la actualidad. En lo que va de año cuatro mujeres han sido
asesinadas en España por este motivo y un caso más se encuentra en
investigación, según las estadísticas oficiales del Ministerio de
Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad actualizados a 12 de febrero.
Siete menores han quedado huérfanos. En la última década, son más de 700
las muertas. Cada año se registran en España unas 140.000 denuncias por
delitos o faltas relacionadas con este asunto.
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