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¿Adiós al chabolismo?

lunes 02 de febrero de 2015, 09:35h

La pasada semana se desmanteló el poblado chabolista del Ventorro de la Puñalá, curioso nombre para una zona de alta degradación social y urbanística. Algunos dicen que con esta actuación, se erradica el chabolismo de la epidermis de Madrid. Cuántas veces he escuchado hacer esta afirmación tan rotunda, y luego, ha vuelto a surgir en otro punto, porque es como una metástasis que se va reduciendo, extirpando, pero que no acaba de erradicarse definitivamente, porque allá donde la pobreza encuentra un espacio para sobrevivir, se levanta en pocas horas una chabola tercermundista.

En mi condición de periodista he vivido intensamente el fenómeno del chabolismo en Madrid, desde el año 1970 hasta el Ventorro de la Puñalá. En la década de los años setenta y ochenta, este fenómeno se extendía por prácticamente todos los suburbios, y especialmente en los distritos periféricos como Vallecas, Villaverde, Carabanchel, Fuencarral, Hortaleza y San Blas. Por aquella época había más de 30.000 personas viviendo en chabolas e infraviviendas, en condiciones muy precarias, tercermundistas. Con el alcalde José Luis Alvarez, hice un viaje, en mi coche y de forma extraoficial, por la ruta del chabolismo más cruel. El alcalde se quedó especialmente impresionado con el paraje conocido como el Tejar de Luis Gómez, en el Alto del Arenal, donde la gente vivía en cuevas, y de esa visita surgió una iniciativa que permitió alojar a los vecinos en viviendas dignas. En el Pozo del Tío Raimundo viví junto al padre Llanos, la conversación del núcleo chabolista más grande de Europa, en un barrio moderno. En las chabolas del Pozo del Huevo, vi de cerca como la meningitis metía en convulsiones a un niño; de esta zona se decía que soportaba el mayor número de casos, porque las malas condiciones de vida y la escasa alimentación de los más pequeños, favorecían el desarrollo del meningococo. En el poblado chabolista de La Celsa, entré varias veces de la mano del gitano Joselito, porque no era recomendable hacerlo solo. En el asentamiento junto al antiguo Puente de los Tres Ojos, comprobé las mordeduras de rata en la carne infantil. Y vivíí cientos de historias dramáticas en las chabolas del Alto de San Isidro, Santa Petronila, el Rancho del Cordobés, Orcasur, Las Mimbreras, Los Focos o la Ventilla.

Dicen que con el desmantelamiento del Ventorro de la Puñalá, se acaba con este fenómeno lacerante en Madrid. Ojala, porque el chabolismo ha destrozado el dicho de: "no hay mal que cien años dure". Madrid ha vivido el chabolismo durante más de cien años.

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