Los técnicos emplearán durante esta primera fase dos bombas sumergibles suspendidas en torres de 30 metros de altura y 50 de flecha, de forma que sea posible moverlas a lo largo y ancho de la balsa. Dado que la viscosidad del fluido aumenta cuando está frío, cada equipo de bombeo será completado con un sistema de calentamiento in situ que facilite la extracción del material contaminante. Los residuos extraídos serán transportados por camiones cisterna hasta una planta de gestión de residuos peligrosos autorizada, en la que se preparará un combustible para su recuperación energética en fábricas de cemento con autorización para el uso del mismo.
La ejecución de estos trabajos corre a cargo de la empresa pública Tragsa. El coste final llegará a los 14,5 millones de euros, con un plazo estimado de seis años para la realización completa de la obra. El objetivo final pasa por la recuperación integral de la parcela y su reintegración al espacio natural y al uso público. La segunda fase se centrará en la extracción por medios mecánicos de la fase no bombeable de la balsa principal y la pequeña laguna del sureste, cuyo volumen conjunto de residuos se estima en 20.455 metros cúbicos.
Los trabajos se completarán con la remediación de la contaminación de los suelos, la restauración ambiental de la parcela y su recuperación para el uso público. Entre otras opciones, la Comunidad de Madrid valora la posibilidad de construir un aula ambiental que evite el olvido y sirva de enseñanza para generaciones futuras.
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