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El ébola visto desde fuera

martes 14 de octubre de 2014, 10:05h

La crisis del ébola me pilló la pasada semana fuera de España, en Noruega, y a punto estuve de no volver, ante la vergüenza que he sentido por el esperpento en que se convirtió esta crisis y la imagen que hemos dado fuera. Este país nuestro, visto desde el exterior, inquieta, preocupa. Nada más conocerse la noticia de la auxiliar de enfermería infectada, se manifiestan dos cepas del ébola: la derecha y la izquierda, con más virulencia y agresividad esta última. El virus se viste de política y comienzan las reacciones encendidas, en muchos casos inconscientes, por parte de políticos, sindicalistas y asociacionistas. Piden responsabilidades drásticas antes de que se conozcan los orígenes del contagio, cualquier información sobre lo que había podido ser un accidente o una negligencia. Lo primero que había que hacer, es aprovecharse políticamente de tan dramática circunstancia. Luego los dardos se reorientaron cuando la afectada se atribuyó la responsabilidad de haberse rozado la cara al despojarse de la ropa de seguridad, cuestión que todavía no está muy clara.

Segunda víctima propiciatoria: la doctora que atendió en el centro de salud a la auxiliar de enfermería, a la que se criminalizó, y se pidió su exterminio profesionalidad, por haber devuelto a casa a la paciente, prescribiéndole simplemente un paracetamol para el episodio de fiebre leve que padecía. Luego se supo que la paciente no había contado a su doctora que había estado en contacto con un enfermo infectado de ébola, lo que supone una grave irresponsabilidad, porque esta ocultación podía haber costado caro a muchas personas que habían tenido contacto con la infectada, incluidas las trabajadoras de la peluquería a la que acudió, como si nada hubiera ocurrido. Nadie ha perdido perdón a la doctora a la que crucificaron suponiendo que había dejado irse a su casa a una persona que había tenido contacto con un enfermo de ébola.

Y quizá el episodio más esperpéntico fue el asunto del sacrificio del perro de la auxiliar de enfermería, por prevención ante un posible contagio. Las manifestaciones a favor de evitar el sacrificio del pobre animal fueron desaforadas, fuera de toda lógica que prioriza la vida del ser humano sobre la de los animales irracionales, aunque alguno se comporte de forma poco racional. Concentraciones de animalistas, proteccionistas, perros-flauta y jaraneros, hasta protagonizar episodios de auténtico vandalismo.

En fin, qué vergüenza de política, de oposición y gobierno, mediática y popular. Este es un país de extremos que se manifiesta principalmente en situaciones dramáticas.

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