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Caja Madrid o el capitalismo 'de amiguetes'

viernes 10 de octubre de 2014, 14:13h

Estos últimos días nos hemos despertado con el escándalo de las "tarjetas opacas", con las que los consejeros y directivos de Caja Madrid han saqueado durante años una entidad financiera. Este saqueo en Caja Madrid es un perfecto ejemplo de cómo el PP ha colonizado las instituciones madrileñas para su beneficio propio, para su beneficio partidista. Las ha colonizado desde arriba, desde la Presidencia, colocando a destacados miembros del círculo del poder del PP, hasta abajo, pasando por los mandos intermedios. El simple repaso de los hechos acredita esta afirmación aparentemente radical.

Los grandes protagonistas de este escándalo (Miguel Blesa y Rodrigo Rato, que presidieron la caja entre 1996 y 2012) son figuras señeras del PP y pertenecientes al círculo de poder del expresidente José María Aznar. Pero tratándose de CajaMadrid, no podemos olvidarnos del papel fundamental en la crisis de Esperanza Aguirre, que tanto tiempo maniobró para colocar a Ignacio González como presidente de la entidad. Cuando se resignó a no lograr su objetivo, se conformó con el candidato de Mariano Rajoy, Rodrigo Rato, y para que todo quedase atado y bien atado cerró el reparto del Consejo de Administración con Tomás Gómez (PSOE). Los acuerdos con IU, por cierto, ya estaban pactados antes.

Esa fue la ocupación 'por arriba' de CajaMadrid. Pero hay casos más llamativos que afectan directamente al Ayuntamiento de Madrid, y que hemos sabido ahora gracias al escándalo de las tarjetas.

Dos vocales vecinos han tenido que dejar el puesto como consecuencia del escándalo: José Nieto Antolinos, vocal del PP en Arganzuela, que gastó 19.800 euros en dos años, y Santiago Javier Sánchez, vocal socialista en Puente de Vallecas, con un gasto de 46.400 euros. Los casos de estos dos vocales vecinos son para nosotros un buen motivo para reflexionar sobre esta figura de participación vecinal.

Llevamos denunciando desde que entramos al Ayuntamiento, en 2011, la deformación de la figura de los vocales vecinos. Pensamos que deben ser representantes políticos que permitan conectar mejor los distritos con el Ayuntamiento, y los han convertido, en algunos casos, en una agencia de colocación profesional. Es una de las muchas cosas que queremos cambiar en la próxima legislatura.

Madrid cuenta con 525 vocales vecinos, una cifra claramente excesiva, en mi opinión. Pero el escándalo de las tarjetas no sólo ha llegado a las Juntas de Distrito. Al publicarse por los medios lo sucedido, la alcaldesa Botella cesaba como asesor de su Grupo Municipal a Beltrán Gutiérrez, que se gastó 58.000 euros en tres años con una de las famosas tarjetas.

Loable la rapidez de la alcaldesa, pero ¿alguien puede explicar qué hacía como asesor del Grupo Municipal todo un gerente, en ese momento, del PP de Madrid? ¿Cuáles eran sus labores concretas, en qué asesoraba, con qué horario, a quién reportaba...? Queremos respuestas concretas, o confirmaremos nuestra impresión: se trata de un nuevo caso de asesor fantasma del PP a sueldo de todos los madrileños.

Estamos en definitiva ante un nuevo motivo para la desafección ciudadana hacia la política. Por eso es especialmente importante recordar que ha sido precisamente una formación política, la mía, UPyD, la que inició este camino en los tribunales, abriendo la espita que se diriman responsabilidades y se conozca la verdad de lo sucedido en Bankia. No se trata de ponerse medallas, sino de recordar que no todos los políticos son iguales. Dar por hecho lo contrario es renunciar a mejorar nuestra democracia.

David Ortega.

Portavoz del Grupo Municipal Unión, Progreso y Democracia en el Ayuntamiento de Madrid.

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