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De profesión, colista

viernes 18 de julio de 2014, 08:00h
¿Se imagina poder pagar a alguien para que haga cola por usted? Algunos han convertido esa idea en su propio negocio. Ahora, pagar para que otro espere su turno en una cola es un servicio que ofrecen algunos autónomos en España.
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    Juan Luis Jaén (archivo)

Su profesión podría denominarse "guardadores de cola" o "colistas". Algunas empresas han aprovechado el tirón de conciertos como One Direction, Dani Martín o The Rolling Stones en Madrid para brindar a sus trabajadores la oportunidad de cobrar por guardar el sitio a otro durante unas horas. Y es que el concierto de One Direction mantuvo a varios grupos de adolescentes hasta dos meses haciendo cola en el estadio Vicente Calderón. El día de puesta a la venta de las entradas para ver a sus Satánicas Majestades en Madrid, por su parte, concluyó con las 54.000 entradas vendidas.

De esta forma, algunas personas decidieron que o no querían o no tenían tiempo para esperar la fila. Según explica Ramón Blanco, fundador de Etece, una de las empresas que ofrecen esta tarea, "es un intercambio de tiempo por dinero". El funcionamiento de este sistema es muy sencillo: el cliente busca en la página web a alguno de los "solucionadores de problemas" y después, o bien le hace una oferta de dinero por la tarea a encargar o bien es el trabajador quien le pone precio.

Juana Aguayo lleva cerca de un año dedicándose a esto. Es una manera de hacer frente a la crisis. Ha hecho de todo con Etece: limpiar, planchar, recados y hasta repartir publicidad. Pero, últimamente, hay una gran demanda de "guardadores de cola". Especialmente, son padres preocupados porque sus hijas adolescentes no falten al instituto o duerman en la calle por hacer cola para ver a sus ídolos.

Juana cuenta que se apuntó por Internet cuando se quedó en el paro, la llamaron para hacerle una entrevista y después no ha dejado de hacer encargos. Entre estas tareas, el 11 de julio, estuvo 8 horas en la cola del concierto de One Direction. Una jornada laboral por la que cobró 80 euros. "Estoy muy contenta, ya me he apuntado para optar a más tareas de hacer cola", asegura.

Notengotiempo.es es otra empresa a través de la cual los clientes pueden encargar que otros hagan cola. Paloma trabaja aquí desde hace dos años y su última gestión fue esperar en la cola de un colegio para realizar la matrícula de los niños. La familia se encontraba de vacaciones y no podía llegar a tiempo para que no se pasaran los plazos, así que encargó la tarea y lo dejaron todo resuelto. "Lo que nosotros ofrecemos es confianza, un trato cercano. De esta forma los clientes tienen un seguimiento de la tarea a través del móvil", explica Paloma.

Sus clientes habituales suelen ser personas que viven en el extranjero y que no pueden realizar las gestiones en España. Los "colistas" van por ellos al lugar, esperan su el turno del cliente y, con una autorización firmada, realizan el trámite para la que han sido contratados.

Esta idea puede parecer nueva pero, realmente, no lo es tanto. Forma parte de un fenómeno emergente, que lleva unos años saliendo a flote abrazado a las nuevas tecnologías. Estamos hablando del consumo colaborativo, que fue marcada por la revista 'Time' como "una de las diez ideas que cambiarán el mundo". En España, por nombrar algunos ejemplos, son muy conocidas en esta economía en colaboración, las plataformas Blabacar, que conecta pasajeros con conductores de vehículos, o Airbnb, que pone en contacto a particulares con viajeros que necesitan un apartamento donde alojarse.

"En España, tenemos una demanda de tres o cuatro tareas al día", nos cuenta Ramón Blanco, cuya empresa se define a sí misma como "tiempo para quienes no tienen tiempo". M.L. es cliente habitual de Etece. En el concierto de Dani Martín contrató a una persona para que cogiera sitio por su hija y una amiga. El 'colista' "estuvo en la cola tres horas antes del concierto. Luego llegaron ellas y se pusieron en su lugar", explica.

Cualquiera puede trabajar en esto o contratar este sistema. Se pueden encontrar desde tareas del hogar tan simples como colgar cuadros o pintar paredes hasta actividades curiosas como limpiar un acuario o madrugar para coger sitio en la playa. Unas plataformas que posibilitan el contacto directo entre el proveedor del servicio y el contratante y que cambian no solo la manera de consumir, sino también la forma de vivir y de ganarse la vida. Un consumo compartido que permite que "todos tengan de todo y que todos hagan de todo". Incluso esperar una cola.

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