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Reforma fiscal: gana el capital, pierden las rentas del trabajo

jueves 03 de julio de 2014, 14:09h
Actualizado: 03/07/2014 14:23h

Con esta reforma fiscal, el gobierno del PP pone los intereses de todo el país al servicio de los intereses particulares de la derecha y de sus terminales económicas; de esta forma la política tributaria se utiliza como un reclamo electoral y no como un instrumento para mejorar las posibilidades de desarrollo del país y la reducción de las desigualdades.

La reforma fiscal que nos trata de colar el Gobierno tiene un tufo electoralista indudable con el señuelo de una rebaja de impuestos, sin que aborde decididamente un cambio profundo del sistema tributario, que en estos momentos castiga a las rentas del trabajo frente a las del capital.

La supuesta reforma se ha quedado en una rebajita del IRPF para bajar los tipos y ponerlos a la altura de los que había cuando el PP llegó al poder, salvo para las rentas altas, ya que el gobierno elimina los tramos de progresividad que existían en 2011 e iguala lo que va a pagar un contribuyente que gane alrededor de 60.000 euros con los que ganen cinco millones.

Así pues, la reducción de los tipos en todos los tramos no es una medida adecuada en la situación actual de nuestro país, en la que se necesitan recursos para atenderlos compromisos financieros y presupuestarios.

Además es una actuación negativa porque va a reducir la recaudación y a favorecer mucho más a los que ganan y tributan a los tipos superiores de la tarifa, lo que va a ir en detrimento de la progresividad del impuesto y al aumento de la injusticia de sus resultados.

En opinión de la UGT la reforma presentada por el gobierno del PP disminuye los impuestos directos y aumenta los indirectos y las tasas, que perjudican en mayor medida a los que poseen menor capacidad económica, conformando un modelo regresivo e injusto.

Por último, el Ejecutivo ha elaborado su propuesta de reforma fiscal sin contar con los interlocutores sociales, imprescindibles a la hora de participar activamente en el diseño de los cambios fiscales que se piensen aplicar, con consonancia con el compromiso adquirido por Mariano Rajoy, de "promover el diálogo con los agentes sociales en materia de reforma fiscal".

En fin, este compromiso, uno más, se quedó en una reunión informativa sin documentos y a tres días de la aprobación del texto por el Consejo de Ministros.

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