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Tirano Banderas: barullo y alboroto

jueves 17 de octubre de 2013, 16:02h
Casi cuarenta años después de su estreno en este teatro, vuelve "Tirano Banderas" con una producción firmada por Oriol Broggi y un reparto de actores de diversas nacionalidades. El resultado conjunto es un montaje en el que muchas escenas, sobre todo de la primera parte, son un compendio de estruendo y alboroto. Afortunadamente en la segunda parte la acción se remansa bastante.
  • Escena de Tirano Banderas

    Escena de Tirano Banderas
    Teatro Español

  • Una escena de Tirano Banderas

    Una escena de Tirano Banderas
    Teatro Español

En octubre de 1974 don José Tamayo dirigió un montaje de la obra valleinclanesca, adaptada por Llovet. Aún no se había cumplido un año del asesinato de Carrero Blanco y faltaba otro para que falleciera Franco. No dejó de ser meritorio que se arriesgara a llevar a un teatro publico la historia de este tirano de república bananera, que se publicó como novela en 1926. Tamayo contó con el mexicano Ignacio López Tarso para dar vida a Santos Banderas. Y , por cierto, en aquel espectáculo vimos por ultima vez en escena a Társila Criado, una de las grandes actrices del siglo XX. Después, en 1992, Lluis Pasqual dirigió otro montaje en el teatro Maravillas con un reparto también de distintas nacionalidades y un extraordinario resultado. Finalmente, en 2005, lo produjo el desaparecido Tomás Gayo y lo llevó por algunas capitales latinoamericanas.

Broggi en su propuesta huye de la luz y el color tropicales, a los que alude el ministro de España, y cuenta la historia con tintes tenebrosos. Ya sabemos que es una historia dura, trágica, desmesurada, que transcurre en una república imaginaria. Pero aquí, desde que se levanta el telón, todo es dramático. La luz -escasa- es dramática, la ambientación es dramática, los actores exageran y gritan el drama... Uno esperaba ver algo mas de esperpento. Uno, sencillamente, esperaba ver más. Toda la obra parece transcurrir en una noche eterna. Desde mi punto de vista el drama resultaría más doloroso presentando una sociedad bañada de luz, sumergida en el ritmo caribeño, en la que, bajo la aparente felicidad, subyace el terror de un tirano decadente. En este caso ya sabemos desde el principio que todos sufren mucho y eso va a acabar muy mal.

No creo que este reparto sea ejemplo del buen acoplamiento de distintos acentos españoles. Sobre todo en la primera parte resulta muy difícil entender a muchos de los intérpretes. Claro que los ruidos y el llamado "espacio sonoro" (antes ambientación musical) tampoco les ayudan. Hay otro elemento que añade confusión: el desdoblamiento de bastantes de los actores. Especialmente desorientador es el de Pedro Casablanc. Sus personajes son muy importantes y verlo hacer mutis de militar para entrar siendo representante de España, por ejemplo, desconcierta mucho. Y solo puede destacar como ese corrupto e indolente ministro plenipotenciario. Comprendo que se debe economizar, pero en este caso los ahorros de personal van en contra del espectáculo. Tampoco el protagonista, el Tirano, parece el más acertado para este personaje. No se trata de hacer un dictador de sainete, pero tampoco un ser gris, anodino, que no transmite la maldad o crueldad que se le suponen. Hay algunos destellos de buen teatro, como el cara a cara entre Susi Sánchez y Juli Mira en la venta del reloj. O el sueño de Casablanc como embajador, camino de la reunión con el cuerpo diplomático.

Enfrentarse a títulos de gran peso tiene riesgos. Se puede no llegar o puede pasarse. O quedarse en tierra de nadie, como ocurre aquí. Es un experimento teatral y como tal será recibido. Seguramente interesará a quienes nunca hayan visto o leído esta historia. Pero posiblemente los amantes de Valle Inclán echarán en falta muchos elementos de su revolucionaria obra literaria.
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