Con unos pocos y ligeros retoques, "El hotelito" podría
haber sido escrita este mismo año. No está, desde luego, entre lo mejor de la
producción del dramaturgo de Brazatortas. Es una colección de disparates nacionales,
de humor con trazo grueso que regocija al espectador 28 años después de su
estreno. Ahora, durante todo el mes, se repone en el teatro Fernán Gómez.
Un estamento político, como el estado de las autonomías,
inspiró a Gala, una farsa socarrona y con mucha mala leche. Ponía en solfa las
diferencias entre las distintas regiones, empeñadas en defender lo suyo a costa
de la unidad con las demás. La metáfora teatral está protagonizada por
Castilla, Cataluña, País Vasco, Galicia y Andalucía. El argumento es endeble:
en una vieja casona (España) conviven estas primas. La posible venta del
inmueble a un extranjero y la necesidad de desmantelar el palacio, saca a la
luz las diferencias insalvables. A medida que se suceden las escenas, el
interés decae. Así se llega a un final cogido por los pelos, consecuencia de la
inconsistencia dramática de la obra. Los chistes funcionan, las humoradas, como
el desfile de trajes regionales, son recogidas con carcajadas y aplausos por el
público. Pero al no haber una dramaturgia sólida, el
final se antoja complicado. Y Gala lo resolvió como pudo.
Un texto así se salva con la interpretación y la
dirección. Mara Recatero, que ya trabajó junto a su marido en el montaje
original del teatro Maravillas, reaparece gracias a la Casa del Actor. Como
directora eficaz sabe mover a los actores en este imposible escenario, marcando
las situaciones humorísticas para llegar directamente al espectador.
Cinco actrices deben hacer el viejo ejercicio de adoptar
acentos regionales. A mí me causó una extraordinaria impresión Alejandra Torray
encarnado a Montserrat, a Cataluña. Su personaje va creciendo hasta casi
adueñarse de la situación. Bárbara Rey, con nula experiencia en la comedia
teatral aunque no en los escenarios y platós, es Galicia, interpretada a mitad
de camino entre Isabel Garcés y Guadita Muñoz Sampedro. Su desparpajo es
envidiable. Completan el reparto María Casal (Castilla), María Garralón (País
Vasco) y Elena Martín (Andalucía). Como en el argumento, el trazado de los
personajes también es desigual. Unos le salieron brillantes a Gala, otros están
más deslavazados y las actrices tienen menos oportunidades de lucimiento.
La producción de la Casa del Actor es modesta y fruto de
numerosas colaboraciones desinteresadas. Pero no por eso deja de ser efectiva
proporcionando un amplio espacio para que las actrices hagan escenas hasta de
coros y danzas. Los críticos con el actual estado autonómico se mostrarán
entusiasmados con esta reposición. Los demás nos reímos con las ráfagas de
ingenio que, a pesar de todo, destiló Antonio Gala y con el trabajo de las
actrices.
Más información:
El hotelito: una reposición de Gala