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Félix Tusell
Félix Tusell

Me quedo corto (día 6)

sábado 07 de septiembre de 2013, 20:44h

Hoy es el último día de rodaje. La expectación en el set es inmensa: somos conscientes de que aún nos quedan muchos planos por rodar, y de que ya no tenemos más tiempo para hacerlo, así que tendremos que redoblar esfuerzos para que todo vaya como la seda.

Cada día, al final de la jornada, se entrega a todo el personal la orden de rodaje, un documento donde se indica qué es lo que se va a hacer al día siguiente, qué es necesario tener dispuesto, a qué hora hay que estar... Sonia, la segunda ayudante de dirección y encargada de redactarla, me pide que escriba algo especial en ella, como detalle final para el equipo. Yo, que no soy muy original, incluyo el epitafio de Jardiel Poncela que cité ayer en esta columna: "Si queréis los mayores elogios, moríos", acompañado de "No hace falta que os muráis, ¡sois los mejores!".

Inmediatamente, una cerveza llega a cada mano y empieza la diversión. Todos estamos muy satisfechos con el trabajo del resto, todos estamos convencidos de que con esta pequeña peliculita vamos a llegar muy lejos, y así nos lo manifestamos, ahora ante una caldereta de cordero, platos de embutido casero y bebidas varias, que la familia que nos ha dejado la casa para grabar ha dispuesto como cena especial de fin de rodaje. A pesar de que, como mañana tenemos que recogerlo todo, no nos podemos permitir ofrecer una fiesta de fin de rodaje a la altura de las circunstancias (esa vendrá la semana que viene en Madrid), se adueña de nosotros el cariñoso etilismo de quienes han vivido una corta pero intensa experiencia juntos que ahora toca a su fin. Y es que, realmente, pienso que he tenido el mejor equipo del que un productor puede disponer: amable, divertido, trabajador, sufrido, resolutivo, profesional... Todos los elogios son pocos para las cuarenta y tantas personas que han hecho posible todo esto, y de las que ahora me siento tan cerca. Cuando David, el ayudante de dirección, grita que hemos terminado el último plano, todos somos pasto de la euforia y corremos a abrazarnos los unos a los otros, dándonos las felicidades y enhorabuenas sin parar.

Haciendo valoración general, afirmo que, sin duda, me encantan los rodajes. Esta pérdida de virginidad cinematográfica ha sido una de las cosas más estimulantes que me han ocurrido, no sólo a nivel profesional, sino también personal. Me convenzo a mí mismo de que quiero ser productor, más allá de las consabidas úlceras, y de que el corto que hemos rodado, "Epitafios" será siempre recordado por mí de una manera muy especial. Ahora sólo espero que, tras la postproducción, el cortometraje guste tanto como nos gusta a nosotros, y que la alegría del fin de rodaje sólo sea el comienzo de una feliz carrera de fondo.

También me doy cuenta de que me gusta mucho escribir esta columna. Espero que los acontecimientos que aquí he referido hayan interesado a los lectores, y que les haya quedado un poco más claro en qué consiste eso de ser productor de cine, más allá de fumar puros (por ser el último día, hoy sí que me permito un Cohiba grueso). Mañana, sin ningún plano que rodar, sin ninguna columna que escribir, estaré más descansado, sí, pero también más vacío. Al final, va a resultar que sí que me he quedado corto.

Y hoy, como última despedida, el pertinente epitafio de Ludwig Van Beethoven: "Que los amigos aplaudan, la comedia se ha acabado".

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