En política, un mes puede ser un mundo. Y un año, la eternidad. Que se lo digan a Ana Botella, que en seis meses ha tenido que cambiar cuatro veces su gobierno… El caso es que aprovechando la entrega de Medallas de Madrid y los corrillos consiguientes, comenté con el líder socialista Tomás Gómez cómo servidora lleva toda una vida –casi reuno ya años para una jubilación de las de antes de la reforma- ocupada en la información municipal y nunca ha trabajado con gobiernos del Ayuntamiento madrileño que no fueran del PP. “Pues pronto vas a tener dos” , aseguró.
El caso es que las últimas encuestas que se han conocido –publicadas por El País en varias entregas- son demoledoras para el PP, pero también dan para una interesante lectura en lo que se refiere al PSOE. Lectura que, no me cabe duda, han hecho en las filas socialistas. Ciñéndonos a los datos: en el Ayuntamiento, si las elecciones fueran hoy, la encuesta dice que el PP perdería diez escaños y la mayoría absoluta. Sólo le quedaría como opción para gobernar aliarse con UpyD, siempre que este partido arañara algo más que las 7 actas de concejal (2 más que ahora) que le augura la consulta. El PSOE, sin embargo, mantendría sus 15 concejales actuales, y podría aliarse con IU (que pasaría de los actuales 6 a 14) para gobernar.
Por el lado de la Asamblea, si la caída del PP es dramática (18 diputados menos, quedándose en 54), la del PSOE es aún peor: Tomás Gómez, que ya cosechó los peores datos de la historia del PSOE en 2011, con sus 36 escaños, ahora se quedaría en 30. Dicho de otra manera: Tomás Gómez baja aún más, mientras que Lissavetzky se mantiene. En la cainita lógica de los partidos, Gómez puede haberle visto las orejas al lobo en su propia casa.