La polémica de las estatuas
lunes 13 de mayo de 2013, 00:00h
Actualizado: 27/05/2013 17:34h
Hace pocos meses los cronistas oficiales de la Villa fuimos convocados por la delegación de las Artes para conocer nuestra opinión sobre las estatuas o monumentos que se pretendía recolocar o cambiar de ubicación, incluso para que hiciéramos sugerencias, propuestas, entre ellas la reubicación de la estatua de Felipe II. No voy a desvelar lo que opinamos cada uno de los cronistas sobre el emplazamiento de la estatua del monarca que trajo la capitalidad a Madrid. En cualquier caso el Cuerpo de Cronistas es un órgano consultivo y nuestras opiniones o dictámenes no son vinculantes, y se nos hizo saber que la ubicación definitiva de la estatua de Felipe II la decidirían los madrileños a través de una votación en urnas dispuestas al efecto.
La mayoría de los madrileños que votaron, decidieron que la estatua del rey se situara en la plaza de la Villa, en el lugar que ahora ocupa la del marino Alvaro de Bazán, cuya vinculación con el pueblo de Madrid no encuentro, al menos la suficiente para que haya tenido el honor de ocupar el sitio en el que nació el Concejo de Madrid, la génesis de la ciudad reconquistada.
Los que no eran partidarios de esta ubicación, no se dan por vencidos. Unos han hablado de “pucherazo” en la consulta popular, y otros buscan argumentos respetables, como que el Plan de Protección del Patrimonio Histórico y Natural, impide trasladar los monumentos protegidos. Esto es cierto, pero también el que se pueden hacer excepciones si las solicitudes se acompañan de un estudio razonado. Y en este caso creo que lo hay. Ya existen antecedentes recientes de monumentos protegidos que ha cambiado de lugar: la estatua del Oso y el Madroño, de un lugar a otro de la Puerta del Sol; la replica de la Mariblanca, también cambió de lugar en la Puerta del Sol; el cartel del Tio Pepe, todavía sin ubicación; el monumento a Colón, trasladado desde los Jardines del Descubrimiento al centro de la plaza, en la conexión del paseo de Recoletos con el de la Castellana; el Obelisco situado inicialmente en el paseo de la Castellana, después en la plaza de Manuel Becerra y ahora en el parque de la Arganzuela; el monumento a la Violetera, que estuvo en la calle de Alcalá, esquina a la Gran Vía, y ahora en las Vistillas; la estatua de Claudio Moyano, que se trasladó desde la glorieta de Luca de Tena hasta la de Atocha, esquina a la cuesta de Moyano. Son cambios de monumentos que me vienen a la memoria, pero seguro que hay alguno más.
Si se hizo una consulta popular; si los madrileños votaron, y votaron mayoritariamente porque la estatua de Felipe II se sitúe en la plaza de la Villa, no se puede ir contra esta voluntad, aunque algunos esgriman escollos legales que pueden ser salvados, porque quienes votaron se sentirían defraudados por el Ayuntamiento si no se diera curso a su deseo expresado en una urna.