Madrid: reyes, héroes y villanos
viernes 26 de abril de 2013, 00:00h
Actualizado: 07/05/2013 10:40h
Como cualquier gran ciudad europea, con una historia que cuenta ya con más de mil años, y que además ha estado marcada por su condición de capital de uno de los Estados Nación más antiguos del mundo desde hace cuatro siglos largos, Madrid es una ciudad compleja, cuyo crecimiento ha sido a menudo desbocado y sujeto a los vaivenes de la historia y la política, y cuenta con un extraordinario patrimonio cultural y artístico que curiosamente no es siempre bien conocido por el gran público, dejando aparte, por supuesto, algunos monumentos emblemáticos que se han erigido en iconos de la ciudad.
Desgraciadamente, los sucesivos gobiernos municipales poco han hecho para reivindicar y difundir el rico patrimonio de la ciudad y, lo que es aún más grave, han cometido auténticos atentados movidos por intereses políticos y económicos o simple desconocimiento.
Parecería que en estos civilizados tiempos del siglo XXI tales tropelías deberían haber pasado a la historia, pero lamentablemente no es así.
Uno de los proyectos estrella del Área de Las Artes, Deportes y Turismo del Ayuntamiento de Madrid para 2013 es el cambio de emplazamiento de la estatua de D. Álvaro de Bazán (obra original de Benlliure), que lleva cerca de 125 años embelleciendo la Plaza de la Villa, espacio para el que fue proyectada (y por cierto, pagada en parte mediante una suscripción popular), por una estatua de Felipe II, copia de los años sesenta de un original de los hermanos Leoni que se conserva en el Museo del Prado.
La copia de la estatua de Felipe II se proyectó para realzar la Plaza de Armas del Palacio Real de Madrid, un emplazamiento magnífico que de forma impecable enlaza la figura de este gran Rey con el corazón del Madrid Corte: el Alcázar, la inmensidad de la Casa de Campo, el camino hacia El Escorial.
El proyecto no recibió precisamente los parabienes de los técnicos consultados, y aquí viene lo más grave: el empecinamiento del Área de Las Artes en continuar con sus planes contra viento y marea, para lo cual urdió una consulta pública con la que revestir su actuación de democracia participativa.
La pretendida consulta pública ha sido un fiasco y su desarrollo presenta no pocas dudas. En especial, sorprende ese porcentaje de casi un 98% de votos a favor del cambio que se ha contabilizado en la urna dispuesta al efecto en la Junta Municipal de Centro, donde ningún tipo de publicidad avisaba de que estuviera allí y en la que se podía votar sin someterse a control alguno. Para que se hagan ustedes una idea, por lo visto sólo 27 personas votaron en la urna en contra del cambio. La votación en Internet, mucho más transparente, arroja un resultado bien distinto: de un total de 3.526 votos emitidos, 1.450 votos (el 41,1 por ciento) se decantaron a favor del cambio y 2.076 (el 58,9 por ciento) se manifestaron en contra. Terminada la votación en urna, ésta fue trasladada al Área de Las Artes y allí ha permanecido tres semanas hasta que, con cierta nocturnidad, el Ayuntamiento hizo públicos, un viernes a las ocho de la tarde, los sorprendentes resultados que les comentaba más arriba.
Este caso reviste gravedad por dos razones: la primera, porque evidencia el escaso respeto por el patrimonio que demuestra el Área de Las Artes. No puedo extenderme más aquí, pero a poco que realicen una somera búsqueda por Internet, podrán comprobar cuántas voces autorizadas se han levantado contra el baile de las estatuas.
La segunda razón es posiblemente más grave: el nulo desconocimiento del Área de Las Artes de los mecanismos de participación ciudadana, pretendiendo utilizar una consulta pública poco transparente para sancionar su arbitraria decisión mediante un barniz de pretendida democracia participativa.
En el debate en el Pleno, el delegado Villalonga me espetó que él no era Maduro ni yo Capriles, y que las garantías son “las que hay”. La analogía es suya…
En cualquier caso, existe una buena solución. Parece que se va a llevar a cabo lo que sí es el resultado de una auténtica iniciativa popular: la instalación de un monumento dedicado al gran Blas de Lezo, insigne marino y militar que no ha merecido hasta la fecha la atención que se merece. No se pueden imaginar cuán sinceramente celebro que esta iniciativa llegue a buen puerto. Pues bien, ¿no es mucho más coherente situar este futuro monumento a D. Blas de Lezo donde pensaban colocar el de D. Álvaro de Bazán, esto es, en la calle Montalbán junto al Cuartel General de la Armada? Esta solución permitiría dejar la estatua de D. Álvaro de Bazán en la Plaza de la Villa y colocar la de Felipe II en su lugar natural, que es la Plaza de Armas del Palacio Real.
Como, una vez efectuada la consulta, hemos sabido que ésta no era vinculante, cabe esperar que no todo esté perdido.
Se preguntarán ustedes, por último, por qué hablo de “villanos” en el título de este articulo: porque, tal como se pretende financiar el monumento a D. Blas de Lezo mediante suscripción popular, así se financió también, a finales del S. XIX, la estatua de D. Álvaro de Bazán, mediante un concierto benéfico y aportaciones de particulares. Son los “villanos” de Madrid los que pagaron un monumento y van a pagar el otro: buena muestra de que la ciudad, muchas veces, la hacemos entre todos.
Patricia García.
Concejala de UPyD en el Ayuntamiento de Madrid.