El musical Sonrisas y lágrimas ocupa desde el pasado 27 de septiembre el escenario del teatro Coliseum, donde permanecerá hasta el 24 de junio. Para esa fecha se estima que habrá tenido medio millón de espectadores. En septiembre se estrenará en Barcelona. Madridiario ha tenido oportunidad de colarse tras el escenario antes del comienzo de una función.
El musical Sonrisas y lágrimas ocupa desde el pasado 27 de septiembre el escenario del teatro Coliseum, donde permanecerá hasta el 24 de junio. Para esa fecha se estima que habrá tenido medio millón de espectadores. En septiembre se estrenará en Barcelona. Madridiario ha tenido oportunidad de colarse tras el escenario antes del comienzo de una función.
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La historia de la novicia María (Silvia Luchetti) y su relación con la familia Von Trapp está servida en Madrid por un equipo técnico y artístico compuesto por más de cien personas. Carlos Hipólito encarna al capitán viudo y cargado de hijos. Está nominado al premio Max como mejor actor.
Dos horas antes de comenzar la función el teatro ya está en marcha. Los técnicos realizan “la pasada”, es decir la comprobación de que todos los efectos escenográficos y luminotécnicos, controlados por ordenador, funcionan correctamente. Los artistas llegan, como mínimo, con novena minutos de antelación. Además de preparar su caracterización, realizan diariamente ejercicios de calentamiento de voz y estiramientos corporales.
Hoy seguimos a Karmele Aramburu, que interpreta a la madre abadesa, y a Jorge Lucas, Max en la ficción. Comprueban sus maquillajes, los trajes en el camerino de transformación junto al escenario y esperan la llamada para que les coloquen los micrófonos inalámbricos. Antes de la función aparecen entre bastidores los espectadores de la butaca oro, que tienen la oportunidad de hacer un recorrido por los decorados y saludar a los artistas. Silvia y los siete jóvenes intérpretes se retratan en el escenario porque uno de ellos abandona la producción.
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Carlos Hipólito atiende cumplidos en la puerta de su camerino. Los asistentes han dejado a punto los 150 trajes que se utilizan durante la función y las pelucas. Cuando entre el primer espectador los profesionales ya llevarán dos horas trabajando. Y les quedan otras dos y media de representación.
Cinco productoras teatrales tuvieron que unirse para poner en pie esta aventura a la que le quedan todavía cuatro meses de estancia en el Coliseum. Y no parece descabellado pensar que en 2013 pueda volver al mismo escenario.