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Secretario general de CCOO Madrid

López: "Es inevitable hacer sacrificios"

jueves 24 de enero de 2013, 00:00h
Actualizado: 25/01/2013 13:08h
El todavía secretario general de CCOO Madrid, Javier López (Madrid, 1957), defiende en esta entrevista el diálogo y el esfuerzo compartido para salir de la crisis, así como una "limpieza" en la política. Tras agotar los tres mandatos que permiten los estatutos del sindicato, afronta, no sin cierto alivio, sus últimas horas en el cargo, que será ocupado desde este viernes por Jaime Cedrún, del que asegura que es "la experiencia y la estabilidad para el sindicato".
¿Qué balance hace de estos 12 años al frente a CCOO Madrid?
Han sido unos años muy intensos. La primera etapa estuvo marcada por el gobierno de Alberto Ruiz-Gallardón al frente de la Comunidad. A partir de 2003 llegó Esperanza Aguirre, que en una primera etapa entró respetando la cultura que durante los mandatos de Joaquín Leguina y Alberto Ruiz-Gallardón se había impuesto, que era una cultura de diálogo, de confrontación cuando no hay acuerdo, pero de respeto institucional. A partir de 2006 se produce un deterioro institucional muy importante, una ruptura de todo tipo de acuerdos unilateralmente por parte de la Comunidad y al final la propia eliminación de la participación en algunas instituciones. Creo que ha sido una etapa en la que Esperanza Aguirre no ha querido tener testigos de las operaciones privatizadoras claramente vinculadas a intereses empresariales y personales en la sanidad, la educación o como en este último proyecto de Eurovegas, fantasma que ha alentado. La última etapa, desde el último congreso de CCOO, ha estado marcada por una muy intensa crisis económica, que ha hecho que Madrid haya multiplicado por tres el número de parados y que la mitad de ellos no tengan protección ninguna.

¿Cómo ha evolucionado estos años el sindicato en número de afiliados, representación…?
De 100.000 afiliados que teníamos en el año 2000 hemos pasado a 160.000. Es cierto que esta crisis también ha golpeado a los afiliados, pues habíamos llegado a tener 170.000, con lo que hemos perdido en torno a un 5 o 6 por ciento, pero es menos del empleo que se ha perdido en la región. En Madrid se han perdido 317.000 empleos y se ha multiplicado por tres el número de parados de 209.000 a 628.000 personas. Sin duda, nos preocupa este descenso, porque la afiliación es la única base para el funcionamiento del sindicato como herramienta para defender a los trabajadores y trabajadoras. Eso que viene diciendo la derecha más ultraconservadora, encabezada por Esperanza Aguirre, es absolutamente falso. Nosotros vivimos de la cuota, de esos 11 euros que cada mes depositan en las arcas del sindicato.

Con la idea de que los sindicatos viven de las subvenciones ha habido mucha polémica…

Esperanza Aguirre ha conseguido laminar a la izquierda política en esta región, aislarla, trasladar mensajes a la sociedad absolutamente populistas sin base alguna. Para ella ha sido fundamental criticar a las organizaciones sindicales porque han sido la última frontera en la defensa de los servicios públicos. Ha hecho una campaña que ha volcado en torno a los liberados, unos liberados sindicales elegidos en las urnas, que no tienen nada que ver con la cantidad de liberados políticos a dedo que mantienen las administraciones. Pero nadie se ha dado cuenta hasta que le ha afectado a él mismo que esas subvenciones que se han retirado no eran para otra cosa que mantener los programas de formación de los trabajadores, de atención a los inmigrantes o de intermediación laboral. Todo eso se lo ha cargado Esperanza Aguirre.

En todos estos años la imagen de los sindicatos ha cambiado. ¿Cómo ha visto esa evolución?
Al principio esa campaña tuvo su eco, pero ante las reiteradas agresiones, los efectos de las privatizaciones y los recortes, la sociedad está entendiendo que necesita baluartes y organizaciones sociales fuertes, de vecinos, de padres… para defender el trabajo en la empresa y los derechos laborales y sociales. Además, estamos comprobando que es la corrupción política la que se ha instalado en el Gobierno de esta región y del país.

¿En esa imagen de casta aparte que se ha ido formando parte de la sociedad no han tenido nada que ver los sindicatos? ¿No hace ninguna autocrítica?
Hay que tener en cuenta que vivimos en un país en el que el 90 por ciento de las empresas tiene menos de 10 trabajadores. Esto hace que haya muchísimos trabajadores que no tienen el punto de referencia de un sindicato. En una empresa más grande, hay comités de empresa, delegados, representantes. La gente los conoce, les pide cosas, se interesa por lo que están haciendo, les pide cuentas. Sin embargo, hay un segmento muy importante de la clase trabajadora que percibe que los sindicatos no están cerca cada día, porque están en una pequeña empresa y no podemos llegar a las cientos de miles que hay solo en la Comunidad de Madrid. Por otro lado, ha habido una cultura del individualismo que se ha instalado en la sociedad. Parecía que podíamos salvarnos al margen de los demás. Todo ello ha contribuido a que los sindicatos sean percibidos como una institución que está lejos de una parte de los trabajadores.

¿Económicamente, cómo está CCOO Madrid? Hay otras delegaciones y sindicatos que han tenido que recurrir a hacer expedientes de regulación de empleo.
En la de Madrid todavía no hemos tenido que recurrir a un ERE. Toco madera… Ha habido despidos en programas que dependían de ayudas. Los empresarios y los trabajadores ponemos un dinero de nuestra nómina para sostener la formación, y con ellos la patronal y los sindicatos hemos desarrollado tareas formativas. Esperanza Aguirre y últimamente Ignacio González han convertido esos recursos en ayudas para la contratación temporal y han ido desapareciendo los fondos de formación. Creemos que es ilegal, pero se ha producido. Por lo tanto, los cursos de formación de trabajadores se han debilitado mucho y, lógicamente, hemos tenido que ajustar el personal que dedicábamos a esas tareas por acuerdo de los trabajadores. Pero la estructura sindical para atender a las empresas, visitar empresas, negociar convenios colectivos o atender jurídicamente a los trabajadores, la tarea propia del sindicato, no la hemos debilitado porque en CCOO Madrid nos hemos ido acostumbrando a no depender de recursos externos y a mantenernos con las cuotas de los afiliados.

Hablemos del paro. Las cifras son altas, hay más de 600.000 desempleados según la EPA. ¿Qué habría que hacer para empezar a crear empleo?

Lo primero que hay que hacer es que ese 51 por ciento de los más de 600.000 parados que no cobra ni los 400 euros tenga unos recursos mínimos para sostener su vida personal y familiar. Lo segundo que debe hacer la Comunidad es sostener a aquellas empresas que tienen problemas. La Comunidad se ha cargado la agencia financiera, por ejemplo, que sería un instrumento necesario para que las pymes tengan un aval para pagar a sus trabajadores y proveedores. Muchas veces las empresas cierran no porque estén quiebra sino porque no pueden afrontar los pagos. Hay que mantener el empleo y alentar nuevas oportunidades, que no son Eurovegas, no son la corrupción de la mafia instalada en Madrid. Es apostar por un tejido industrial, por empresas de servicios de calidad. Nada se está haciendo por traerlas a Madrid e impulsarlas aquí. Y hay oportunidades: por ejemplo, atender la dependencia con calidad podría haber creado 50.000 empleos en Madrid.

¿Tiene algún pronóstico sobre cuándo se empezará a crear empleo?

Mientras que se mantengan estas políticas de debilitar lo público, las políticas de empleo y las rentas mínimas, mientras las familias no tengan ningún recurso con el que ir al mercado y las que sí tengan miedo por si mañana no tienen trabajo será imposible que remontemos la crisis económica. Y aunque ahora mismo baje la presión de la deuda y de la prima de riesgo, la debilidad en la que se ha situado la economía española va a requerir décadas para volver a contar con los niveles de riqueza que teníamos hace cuatro años solo. Es terrible, pero es así. Este esfuerzo de décadas solo puede ser acometido por Gobiernos que tengan la credibilidad ciudadana, que no sean percibidos como los ladrones de turno que nos roban. Hay que limpiar y regenerar la política de manera inmediata. Queremos hacer sacrificios, pero equilibrados y compartidos.

¿Pero entonces es inevitable hacer sacrificios?

Sí, pero solo los hacemos nosotros. Somos la mayoría y han entendido claramente que cuando suben el IVA lo suben a todos y que obtiene unos recursos mucho mayores que si se recupera el impuesto sobre el patrimonio. Pero cómo puedo entender yo que eliminen becas de comedor escolar mientras mantienen las ayudas para uniforme en colegios religiosos. Las formas en democracia son muy importantes y este gobierno tiene la obligación de transmitir que los ricos de este país, que las fortunas también ponen sus recursos para salir de la crisis. Yo como trabajador de la enseñanza también estoy dispuesto a renunciar a parte de mi salario, pero cuando vea que Ignacio González, el rey de España, la expresidenta Aguirre o el señor Güemes hacen también ese sacrificio, cuando deje de percibir que han utilizado sus cargos públicos para impulsarse en el negocio privado.

¿Cómo ve el panorama político en Madrid en estos momentos, con Botella y González de sustitutos?

La política madrileña se está convirtiendo en un agujero negro y esto es la capital de España. Creo que Madrid es percibido como un problema para España, por los ciudadanos de Murcia, de Extremadura, por los catalanes. En Madrid está el Gurtel, es como Valencia pero en el centro. Y no entiendo cómo Esparanza Aguirre sale dando lecciones de honestidad política cuando ella es la que ha armado todas las tramas económicas de vinculación de intereses políticos y empresariales. ¿Cómo se entiende las relaciones personales familiares de cargos intercambiados y compartidos entre las familias políticas del régimen aguirrista y un sector de empresarios están convirtiendo Madrid en un agujero negro de España? Y solo le faltaba a España que en una crisis de caballo como la que estamos viviendo, que agudiza las tensiones políticas, sociales y nacionalistas, Madrid sea percibido como una agujero de basura. Esto es terrible para España. Alguien debería pensar que hay que limpiar cuanto antes Madrid.

Volvemos al congreso que celebra estos días CCOO. ¿Se ha elegido de forma consensuada a Cedrún como candidato único? ¿Cómo se ha llegado hasta ahí? ¿Qué destacaría del que va a ser su sucesor?
Nosotros hemos querido, como están haciendo la gran mayoría de las organizaciones de CCOO en una situación tan difícil, reclamar la unidad de los sindicatos. Por eso, hemos firmado un acuerdo todas las federaciones y las uniones comarcales en torno a la candidatura del compañero Jaime Cedrún. ¿Qué decir de él? Jaime ha formado parte del equipo de la unión de Madrid a lo largo de los últimos 12 años, ha asumido las responsabilidades institucionales y conoce muy bien las administraciones públicas madrileñas y cada uno de los sectores porque ha tenido que trabajar con ellos desbloqueando conflictos. Por lo tanto, es la experiencia, la estabilidad en el sindicato, con una importante renovación.

¿Qué va a hacer ahora? ¿Va a volver a la educación?
Yo nunca he dejado la educación. Siempre he sido un maestro, que es lo que quería ser toda la vida, lo que he sido como secretario general de CCOO y lo que espero seguir siendo en el futuro. Creo que ser maestro consiste en que aflore de una persona lo mejor que lleva dentro y eso es lo que he intentado hacer en las ejecutivas con las federaciones y lo que voy a seguir haciendo.

¿Pero va a volver a dar clase?
Si me fuera ahora a mi centro de trabajo desplazaría a un interino que se iría al paro. Yo estoy liberado hasta el mes de junio. Me voy a tomar un respiro. Y si la confederación sindical de CCOO, que celebra su congreso dentro de un mes, considera que tengo que asumir alguna tarea ya me lo dirán. También si consideran que debo hacer alguna tarea en la unión de Madrid. Si no, me voy a dedicar a tareas de formación de cuadros sindicales en la cultura del diálogo, que es lo que he aprendido. Quiero dedicar una parte importante de mi tiempo a promover el encuentro. Son momentos muy duros en los que o aprendemos a escucharnos y a negociar o, de lo contrario, este país se va por el despeñadero. 
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