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El pisito

jueves 17 de enero de 2013, 00:00h
No les quiero hablar de aquella película de Marco Ferreri basada en la novela de Azcona que se estrenó a finales de los 50 y que nos contaba el problema de los años sesenta. Aquella época de amplia pobreza en la que las parejas, bien representadas por Mari Carrillo y José Luis López Vázquez, hacían magia para poder adquirir un rincón para vivir.  No, no es de esto de lo que voy a hablar.

Entrados ya en el siglo XXI, cuando la crisis pone las cosas muy difíciles a muchos ciudadanos que ven como su vida se empobrece a pasos agigantados por culpa de los recortes. Ciudadanos que temen por el techo que les protege gracias a los despidos, la imposibilidad de pagar la hipotecas y la exigencia de unos bancos que reciben dinero público a pesar de las grandes nóminas de sus altos directivos. Trabajadores, de clase media y no tan media, funcionarios, pequeños empresarios y no tan pequeños,  autónomos que ven como los servicios sanitarios se desplazan a manos privadas, aunque eso si, manteniendo la gratuidad, de momento. Votantes de este y de aquel partido que temen que aquella sociedad que creíamos superada de los años sesenta pueda volver a llamar a nuestras puertas. Pues esos, nosotros, los que miramos por la ventana cada mañana para adivinar desde detrás de una cortina la ropa más apropiada para superar las temperaturas de Madrid, nos encontramos con que el Presidente de la Comunidad, nuestro Presidente, que no tenía un ático en Marbella, sino que lo alquilaba, lo ha adquirido de repente. Y además lo ha hecho coincidir con el principio de la investigación judicial. Oportuno, no me digan que no.

Vaya por delante que el señor Presidente tiene derecho a comprarse lo que quiera y donde quiera, mientras lo pague de su bolsillo. Faltaría más, pero aquello de la mujer del Cesar aquí viene al pelo. En medio de tanto recorte, de tanta necesidad económica, de tanto paro, incluso de algo más que indicios de hambre por parte de algunos sectores de la población más débil, no parece el momento más oportuno para comprarse el pisito de Marbella con cerca de quinientos metros cuadrados.

Incluso aunque todo sea verdad, que puede serlo y no seré yo el que lo ponga en duda, el momento y como se ha hecho no parece lo más acertado. Estoy seguro que cualquiera de los universitarios que están en paro buscando un trabajo hubiesen aconsejado mejor a nuestro “querido” Presidente. Al menos que nos lo hubiese contado de manera menos sospechosa.

Las cosas bien hechas bien parecen.
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