Era casi la medianoche del 10 de julio. Luces de linternas confirmaban que las dos primeras columnas de la ‘marcha del carbón’ habían alcanzado Moncloa. Quienes habían seguido su peregrinaje no quisieron perder la oportunidad de
darles la bienvenida en el Arco de la Victoria. Aplausos, gritos de “Sí se puede” y más vítores a la clase obrera: Madrid recibía a los mineros como héroes.
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Custodiados por miles de personas,
marcharon hasta la simbólica Puerta del Sol en un ambiente festivo y de solidaridad ciudadana. Los mineros, emocionados, se abrazaron y alzaron los bastones que habían portado durante el camino. Era el preludio de la gran manifestación que acontecería horas después.
La protesta se centraba en la
reducción del 63 por ciento en las ayudas al sector que recogían los Presupuestos Generales del Estado (PGE) de 2012, un recorte que dejaba sin sustento a miles de trabajadores y sus familias. El 11 de julio, en una gran marcha que partió de Colón, los mineros volvieron a darse un baño de multitudes. La jornada coincidió con el anuncio de la subida del IVA del 18 al 21 por ciento y la supresión de una paga a los funcionarios, entre otras medidas impopulares, lo que convirtió a la manifestación en el catalizador de todo el descontento ciudadano.

Las columnas venidas desde Asturias, Castilla la Mancha, Castilla León, Andalucía y Aragón recorrieron los últimos metros hasta su meta, el Ministerio de Industria, convirtiendo
el paseo de la Castellana en el escenario de un auténtico clamor popular de apoyo a los trabajadores del carbón. A su paso, una estela de pólvora y que empezaba a ‘tensar’ el ambiente entre los manifestantes y el fuerte dispositivo policial que ‘blindaba’ su objetivo.
Cargas policiales enturbian la protesta
El Ejecutivo ya había anunciado que desoiría las protestas y no daría un euro más para el carbón, al menos, en 2012. El jefe de la cartera de Industria, José Manuel Soria, comunicó que veía “matemáticamente imposible” atender las reivindicaciones del sector si se quería cumplir con el objetivo de déficit.
La explicación del responsable del departamento no contentaba a nadie, ni a los mineros ni al resto de ciudadanos. Hacia las 13, 30 horas,
ya frente al Ministerio de Industria, comenzaron los disturbios. Varios asistentes se cubrieron la cara y la emprendieron con la valla y los ‘antidisturbios’ que protegían la sede ministerial. El resto de la ‘marea’ permanecía en la Castellana ajena a los incidentes.

Mientras los mineros seguían los discursos de los líderes sindicales, la policía cargó en la cola de manifestación. Los tumultos se desplazaron después a las inmediaciones del estadio Santiago Bernabéu, donde se repitieron las carreras y momentos de tensión entre manifestantes y agentes, que intentaban disuadir los ataques con pelotas de goma. Después de una hora de enfrentamientos, la Jefatura Superior de Policía confirmaba que ocho personas habían sido detenidas por un delito de desorden público.
76 heridos leves, 33 de ellos policías, cerraban
el balance más incómodo de la ‘marcha del carbón’. No obstante, los mineros se iban de Madrid reforzados por la acogida y dispuestos a seguir con encierros y huelgas hasta conseguir una clausura más lenta y proporcionada de las minas españolas.
La de julio fue la tercera ‘marcha negra’ del sector de la minería en España. La primera se remonta al año 1.992, en protesta por la políticas de reconversión del sector aprobadas por el Gobierno de Felipe González. La segunda se llevó a cabo en 2010, aunque en esa ocasión concluyó en la ciudad de León.