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Los hijos se han dormido: Chéjov resumido

Los hijos se han dormido: Chéjov resumido

jueves 11 de octubre de 2012, 00:00h
Actualizado: 12/10/2012 17:22h
Daniel Veronese dirige su propia versión de La Gaviota, de Chéjov con el título de 'Los hijos se han dormido'. Puede verse hasta el 9 de diciembre en la sala II de las Naves del Español con un estupendo reparto que, en definitiva, es lo mejor de esta propuesta.
Los actores, sin barrera entre el público, deambulan por el escenario quince minutos antes de comenzar la acción. Cambian impresiones con los espectadores, están distendidos. Es el anti-Método. En el momento señalado comienzan la representación como si acabaran de llegar de la calle. Y la verdad es que “entran” inmediatamente en los personajes, bastante atormentados, que creó Chéjov. Ahí está Irina Arkadina, la gran diva del teatro ruso, su amante, el escritor Trigorin, Konstantin, el hijo incomprendido… toda la esencia de “La Gaviota” está aquí, sin apenas artificio escénico, con una luz uniforme, un vestuario económico y un mobiliario para salir del paso. No entiendo el título que le ha dado Veronese a su versión. No sé si quiere decir que, como los hijos se han dormido, los padres campan a sus anchas y llevan la iniciativa o, que esos hijos han renunciado a avanzar, a superar a los mayores, se han quedado dormidos en su apatía.

El caso es que, como siempre, aparece Nina, la gaviota, que revoluciona a la familia, sobre todo a los varones. Y desata pasiones y dramas, como siempre en esta pieza. Solo que en la representación no hay transición entre los tiempos de la obra. Los más de dos años que transcurren entre principio y final, no se marcan. Nos enteramos del paso del tiempo porque algún personaje alude a él. En noventa minutos el director despacha el drama de un tirón. No le queda mal, la verdad, esta síntesis. Es su ritmo y no el que estamos acostumbrados a ver cuando se acomete un Chéjov. Con esa ambigüedad de ambientación, la acción podría ocurrir en cualquier lugar del mundo. Claro que con esta velocidad se pierden matices del discurso, como todas las referencias al teatro y los actores, a su función social. No es que se eludan, sino que quedan diluidas.

Veronese siempre dirige a sus actores buscando una naturalidad que, a veces, no es beneficiosa para el hecho teatral. Aquí no hay tartamudeos repetidos. Pero sí, en las escenas corales, una confusión, una mezcla de frases, un pisarse continuamente las réplicas. Como hacemos todos cuando conversamos en grupo. Pero en el teatro, y aquí sucede, no llega a entenderse lo que están diciendo. Solo lo que hablan los actores más poderosos vocalmente. En el lado opuesto llegamos a un intimismo perfecto para un plató de televisión o un set cinematográfico. Pero en el teatro los espectadores queremos oír. Y así sucede que nos perdemos el intenso dolor, la frustración de Malena Alterio, que hace una extraordinaria composición de Mascha, pero con tal hondura que se pierden muchas de sus frases. Esos tonos son peligrosos, sobre todo si se trabaja en un espacio como el matadero, no diseñado originalmente para escenario teatral.

Decía al principio que el reparto es, desde mi punto de vista, lo mejor de la función. Creo que estamos ante un brillante ejercicio, en el que apreciamos las distintas escuelas interpretativas. Sólidos, seguros, dominadores de la situación, Susi Sánchez y Miguel Rellán. Contenidos Ginés García Millán y Soto. Eficaces Malena Gutiérrez y Alfonso Lara. Y un trío juvenil muy notable: Diego Martín, Pablo Rivero y Marina Salas. El primero está espléndido en escenas como el juego de la lotería, en la que no habla, pero capta nuestra atención por encima del jaleo de sus compañeros. Rivero se crece a medida que avanza el drama hasta una gran escena final. Marina Salas, como la gaviota, peca también a ratos de un intimismo sordo y, quizá, se ha metido en un personaje que no se adapta a su físico y a su personalidad.

'Los hijos se han dormido'
es un espectáculo limpio, bien presentado y mejor interpretado con un nivel de calidad acorde con lo que se espera de un teatro público.
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