Mi vecino, el funcionario
viernes 20 de julio de 2012, 00:00h
Actualizado: 06/08/2012 19:34h
Los líderes sindicales no desvelan sus sueldos, ni si por solidaridad con los trabajadores, se los han rebajado. No están para dar detalles. Bastante tienen con movilizar a las masas para tomar la calle contra la política de ajustes del gobierno de Rajoy, después de tantos años de morderse la lengua con las actuaciones del gobierno de Zapatero y de mirar para otro lado cuando España se iba precipitando a un pozo sin salida. Ahora salen a la calle con los mineros, sin acordarse de que fue con el gobierno socialista cuando se puso en marcha el plan de extinción de la minería. Ahora salen a la calle para alentar las protestas de los funcionarios por la supresión de la paga extra de Navidad, quizá para lavar su mala conciencia por no haber salido cuando en su día el gobierno de Zapatero tomó medidas de ajuste que afectaron también al bolsillo de los funcionarios.
Ahora los sindicatos toman la calle con vigor, con dureza, de forma inflexible, porque el gobierno recorta y recorta, y vuelve a recortar, y además, recorta subvenciones a los sindicatos y el número de liberados sindicales, y esa herida es como una rozadura producida por el zapato: no se enseña, pero escuece lo suyo y el dolor se lleva en silencio, para no dar el cante.
Las medidas económicas que afectan a los funcionarios, han despertado las reacciones más encendidas y masivas, lo que demuestra que en España hay más funcionarios públicos que trabajadores en otro gremio cualquiera, y eso se nota a la hora de escenificar las protestas.
Tengo un vecino funcionario al que le recortado el salario un 3,3 por ciento en la Comunidad; le han quitado la paga extra de Navidad, le han rebajado el número de “moscosos” y el de días de libre disposición. Está que echa las muelas, porque la han quitado muchas cosas, menos el trabajo.
Tengo otro vecino que no es funcionario. Trabaja en la empresa privada. Primero su bolsillo se vio afectado por un expediente de Regulación de Empleo Temporal. Después le rebajaron el salario un 12 por ciento. No le quitaron “moscosos”, porque no lo contempla su convenio colectivo, y finalmente le han despedido, le han quitado su trabajo y le han condenado al INEM. A él le hubiera gustado ser funcionario público, que le hubieran recortado el salario sólo un 3,3 por ciento y suprimido una plaga extra; haber sido defendido en la calle por los sindicatos, y por encima de todo, que no le hubieran dejado sin trabajo. Él no tiene la “desgracia” de ser funcionario; tiene otra más grande: no serlo.
|
Cronista Oficial de Madrid y Getafe
|
|