martes 12 de junio de 2012, 00:00h
Actualizado: 18/06/2012 11:58h
Los alcaldes de Getafe no pasan desapercibidos, si bien es cierto que en la democracia, de 1979 hasta nuestros días, sólo ha habido tres primeros ediles: Jesús Prieto, “el Breve”, que llegó del sindicalismo y salió como empresario para presidir la empresa pública Mercasa; Pedro Castro, 28 años en el machito, hombre de resistencia numantina a perder el sillón, que llegó de la nada y se fue hacia la nada cuando podría haberse ido por la puerta grande, y el actual, Juan Soler, que vino a Getafe para saber donde estaba ubicada la capital del sur y después de llegar, vio y venció.
Según el grupo socialista, a través de comunicado hecho público, el alcalde Juan Soler, acudió a una corrida de toros en el coso getafense, construido a todo pastón por Pedro Castro para celebrar una corrida al año. Entró Soler cuando la lidia ya había comenzado, lo que provocó el enfado de parte del público asistente. Uno de los espectadores le recriminó públicamente el hecho, y el alcalde, según la nota del PSOE, dijo en voz alta: “¿Será gilipollas?”, después se giró hacia el vecino y le espetó: “¿Te quieres callar, becerro?”. Dicen los socialistas que hay testigos que puede atestiguarlo, y el Partido Popular, en una nota hecha pública, responde que el alcalde no insultó a nadie en ningún momento, y que el espectador presuntamente insultado, presentaba evidentes síntomas de embriaguez.
Si como afirma el PSOE, el alcalde insultó a un vecino, o simplemente se encaró de forma inadecuada con él, estuviera ebrio o no, es un hecho muy grave y Juan Soler debe pedir disculpas, como más grave fue cuando el anterior alcalde, el socialista Pedro Castro, llamó “tontos de los cojones” a todos los votantes de la derecha y entonces su partido no sacó ninguna nota reprobando su actitud y solicitándole que se disculpara públicamente, cosa que por cierto no llegó a hacer nunca, y además mantuvo durante varias semanas el insulto colgado en su página web del Ayuntamiento. Eso es ver la paja en ojo ajeno y no ver la viga en el suyo, aunque a ningún alcalde le corresponde poner pajas ni vigas en ojo de vecino.
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Cronista Oficial de Madrid y Getafe
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