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La tortuga mordedora americana, nueva especie invasora en la región

La tortuga mordedora americana, nueva especie invasora en la región

sábado 25 de febrero de 2012, 00:00h
Los agentes forestales de la Comunidad de Madrid han capturado recientemente una tortuga mordedora en una de las varias charcas donde aún perduran poblaciones de tritón ibérico (Lissotriton boscai) y de tritón pigmeo (Triturus pygmaeus).
Una de las muchas causas conocidas en el declive de ciertos anfibios en la región es la suelta incontrolada de especies invasoras, tal y como han apuntado en un estudio publicado en 'Foresta' por Pablo Cobos y Ignacio Javier Martín, de la Unidad de Zoología de la Escuela de Ingeniería Forestal y del Medio Natural de la Universidad Politécnica de Madrid.

La tortuga mordedora americana consume todo tipo de presas y es capaz de superar los 50 kilogramos y convertirse en un animal peligroso incluso para el hombre. "Es un claro ejemplo que sirve para ilustrar el despropósito que representa la suelta incontrolada de especies que, compradas como animales de compañía y abandonadas en el medio natural tiempo después por los problemas domésticos que acarrean, suponen una importante lacra para los sistemas naturales madrileños", han indicado los investigadores.

Otra especie abscrita a este colectivo es la tortuga o galápago de Florida se conoce popularmente como tortuga de orejas. Esta especie ha encontrado en los ríos y embalses españoles las condiciones adecuadas y se ha multiplicado espectacularmente, ya que la proporción entre sexos es de siete hembras por cada macho, y su vida se alarga hasta 25-35 años, con ejemplares encontrados en el medio natural de más de 40 años.

Al ser más adaptable, voraz y agresiva, la tortuga de Florida ha desplazado a los galápagos autóctonos. Esta especie ha invadido los tramos bajos de muchos ríos madrileños y, con mayor frecuencia aún, infinidad de lagunas, charcas y embalses, robando las pocas opciones de supervivencia de ciertas especies, ya limitadas por las adversas condiciones que, de modo general, presentan los sistemas fluviales y humedales de la región.

En esta lista también se encuentra el visón americano, presente en muchos ríos y humedales de la Comunidad, incluso en la capital, así como en algunas lagunas, preferentemente con abundante cobertura vegetal en las orillas y presencia de rocas.

La población parece haberse originado en los años 50 en una granja de Segovia. Además de ser portador de diversas enfermedades, depredan a aves que nidifican en el suelo o cerca de él o a sobre determinadas poblaciones de rana patilarga (Rana iberica).

Conscientes de esta problemática, el Ejecutivo autonómico ha puesto en marcha medidas activas para garantizar el futuro de los anfibios y su hábitats. Además, hay un programa de extracción de especies exóticas en humedales y reintroducción de especies autóctonas. Por ejemplo, en el humedal de Los Camorchos, situado en el Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares, es el primero en el control de peces alóctonos invasores.

El ruidoso canto de las cotorras
Entre las especies invasoras ya conocidas en la región se encuentra la cotorra argentina. Se trata de nidos coloniales de gran tamaño (llegan a pesar hasta 200 kilos) que pueden alojar numerosas parejas. Este animal habita generalmente en medios urbanos y su periferia, y frecuenta parques, jardines y arboledas.

En Madrid está presente desde 1985, y en 2007 solo en la Casa de Campo se censaron un centenar de nidos. Hoy se pueden encontrar cotorras argentinas en el Campo del Moro, el Club de Campo, el Club Puerta de Hierro, el Parque de Atenas, el Parque del Oeste, la Ciudad Universitaria, la Dehesa de la Villa, Pozuelo de Alarcón, El Pardo, Aravaca, Campamento, Majadahonda, Boadilla del Monte, Arganda del Rey, Chinchón, entre otros lugares.

Los daños que provoca esta cotorra están principalmente relacionados con el nido. El peso de las colonias puede provocar la rotura de grandes ramas. Si se instalan cerca de un vivero llegan incluso a arrancar las pequeñas plantas. En Puerta de Hierro se ha observado preferencias por los olmos, a los que llegan a causar importantes daños. La presión de esta cotorra afecta a las poblaciones de aves nativas, debido a su competencia y gregarismo, además de predar sobre huevos y pollos de especies más pequeñas como de mirlo común.

"En la región se ha intentado controlar, pero las poblaciones siguen en claro aumento, y con ello, el deterioro de importantes zonas ajardinadas o arboladas", han indicado los autores del estudio.

Otra especie invasora es la cotorra de Kramer. En la región se confirmó la presencia de esta cotorra en la capital en 1994, con la detección de dos individuos. Hoy en día podemos encontrar individuos o parejas prácticamente por región, siendo las poblaciones más estables las de Madrid, Pozuelo de Alarcón, Barajas, San Fernando de Henares y Alcalá de Henares.

Cobos y Martín han explicado que en toda su área de distribución ocupa casi exclusivamente hábitats urbanos o suburbanos, pero si aumentasen sus poblaciones podría suponer una amenaza para los cultivos agrícolas. No obstante, la necesidad de ubicar los nidos en oquedades de árboles limita mucho su expansión.

Los cormoranes
El cormorán grande puede alcanzar el metro de longitud por metro y medio de envergadura. Aunque prefiere especies piscícolas muy nadadoras y diurnas, puede comportarse como predador no selectivo y consumir todo tipo de presas. A veces cooperan varios individuos para acorralar conjuntamente a los peces, lo que provoca afecciones muy importantes a la población piscícola.

En Rascafría, se capturan sistemáticamente ejemplares de trucha común, pero por cada individuo consumido son más de seis los muertos o heridos. Llega en otras ocasiones a causar importantes diezmas en especies poco abundantes o protegidas, como la bermejuela, incluida en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial.

Este cormorán suele formar colonias, a veces bastante grandes, en dormideros y zonas de descanso. Duermen y anidan en árboles, los cuales sufren el peso de los nidos y, sobre todo, los efectos tóxicos de los excrementos depositados sobre ramas y troncos, que terminan por secar los árboles.

Por último, se encuentra la tórtola turca, un animal "muy perjudicial", pues compite por el hábitat y el alimento con la tórtola europea, que vive de forma natural en la Comunidad. Al mismo tiempo, al presentar varias generaciones en cada temporada de cría, desplaza a otras muchas de menor tamaño corporal y poblacional, como los pequeños pájaros propios de parques y jardines. Por estos motivos, desde hace años en diversas regiones han declarado esta especie como plaga y han elaborado planes de lucha para disminuir sus poblaciones.
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