Con esta protesta, Ignacio Martínez, Juan Sánchez, Luis Fernández y Gonzalo Mantecón dejan pasar los días tras el quiosco de la Puerta del Sol, ingiriendo únicamente líquidos
bajo la supervisión del Samur, que les visita cada tres días.
Juan y Luis, presidente de la Asociación Nacional de Desempleados (ADESORG), comenzaron esta huelga este sábado como una
protesta simbólica que reflejase el malestar que atraviesa la sociedad por la situación general actual. A ellos se unió Ignacio, este lunes, que aprovecha además para denunciar su caso personal. Según señala, él y su mujer, Ana María, se han visto
apartados de la custodia de su hija a pesar de que han solicitado ayuda reiteradamente a los servicios sociales. Desde el jueves, Gonzalo se sumó a la iniciativa tras sufrir el
robo de todas sus pertenencias, que le llevó a preguntarse
"cuánto dinero necesitas para ser persona".
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Esta protesta, afirman, la hacen como ciudadanos indignados. Lo están como tantos otros, pero eso no quiere decir que se enmarquen en ningún movimiento. "Muchas personas nos preguntan si tenemos algo que ver con el 15M. El 'movimiento indignado', es decir, el sentimiento de hastío de la gente, engloba desde las manifestaciones que el 15 de mayo convocó Democracia Real Ya, las acampadas en Sol, las manifestaciones del 19 de junio, por la Firma del Pacto del Euro, las del 18 de septiembre, en contra de la privatización de los servicios públicos, la del 25 del mismo mes, por el derecho a una vivienda digna, y la manifestación de este pasado sábado en la que 500.000 personas salieron a la calle en Madrid. Es algo que surge como
respuesta al espíritu de indignación general que se está generando en la sociedad", afirma Juan, que insiste en que ellos están ahí a título particular.
La huelga 'por la dignidad'
se mantendrá, según sus previsiones, hasta las elecciones del próximo 20 de noviembre, día en que los cuatro manifestantes irán a un colegio electoral para tratar de hacer pensar a la población "si merece la pena votar por este sistema", comenta Ignacio.
Tanto Juan como Luis se retiran cada noche a descansar a una pensión cercana a Sol. Varias personas, solidarizadas con su causa,
les donan dinero para que puedan pagar su dormitorio. Ignacio, que pernocta con su pareja en una habitación, asegura que no dejará la huelga hasta que se estudie su caso y pueda volver a estar con su hija.