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El garrote y 'El agarrotado'

El garrote y 'El agarrotado'

Por MDO
domingo 02 de octubre de 2011, 00:00h
Actualizado: 26/01/2016 12:31h
El garrote vil viene a ser en España lo que la guillotina supuso en Francia. Nuestro país, antes de abolir la pena de muerte en la Constitución del 78, ha conocido diferentes formas de ejecución, como la horca o el fusilamiento. Sin embargo, ninguna resulta tan 'genuinamente españolizante' como el 'garrotazo'.
Y esto, precisamente, es una de las cosas que atrajo a Francisco de Goya a la hora de pintar 'El agarrotado', un aguafuerte de gran fuerza expresiva que el aragonés realizó a finales de la década de 1770 y que se considera una de las primeras obras en las que Goya se comporta como un cronista de la realidad. Pero esta atracción por el lado más oscuro del hombre -y, en concreto, por la cruel combinación del carácter ejemplarizante y la falta de humanidad de las ejecuciones públicas- le llevó también a pintar una decapitación en la guillotina en el 'Castigo francés'. Como en 'El agarrotado', Goya se comporta en este segundo caso como un reportero, por lo que se piensa que ambas escenas están inspiradas en experiencias reales del artista. Es esta vinculación con la realidad la que le da, si cabe, un mayor dramatismo a la representación de este hombre ejecutado con el garrote.

Y es que, paradójicamente, el garrote vil se adoptó en España para sustituir en las ejecuciones a la horca, un método considerado demasiado inhumano. En concreto, fue Fernando VII quien a principios del siglo XIX (1820) ordenó la adopción de este sistema medieval. El garrote, sin embargo, quedó lejos de eliminar el sufrimiento de los reos, que en ocasiones agonizaban durante más de media hora debido a la poca fuerza del verdugo o al 'exceso' de resistencia que ofrecía su cuello. Para evitar esto, y siempre con el ánimo 'piadoso' de evitar sufrimientos innecesarios, se introdujeron modificaciones, como la instalación de un clavo que se iba clavando en la nuca al mismo tiempo que el garrote asfixiaba al reo.

Pero las variantes no se limitaron a ese supuesto carácter piadoso. Además, la técnica de ejecución pintada por Goya fue un reflejo de las desigualdades sociales de la época. Y es que, con el tiempo, se crearon un sistema y una liturgia diferentes en función de la clase social del condenado a muerte. Así, por ejemplo, los nobles llegaban al cadalso a caballo, mientras que la plebe lo hacía a lomos de un burro. Esta distinción de clases dio origen al denominado 'garrote vil', que era el que se usaba para las clases bajas y que acabó dando nombre a todas las variantes.

A medida que avanzaba el siglo de las luces, las autoridades fueron percibiendo que el lado morboso, moralizante y ejemplarizante de las ejecuciones públicas iba desapareciendo y dando paso a un rechazo cada vez mayor, así que las fueron relegando al interior de las prisiones. En este sentido, 'El agarrotado' de Goya se puede considerar como un precursor del fotoperiodismo en la medida en que sirve de altavoz, y por tanto de denuncia, del lado más sombrío del comportamiento humano y de la sociedad. En España, los dos últimos reos que murieron agarrotados fueron el anarquista catalán Salvador Puig Antich y el preso común Heinz Ches, que fueron ejecutados el dos de marzo de 1974 en la cárcel Modelo de Barcelona.
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