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Marcha romera

Marcha romera

Por Ángel del Río
lunes 20 de junio de 2011, 00:00h
Las marchas de ayer hasta Madrid tenían más traza de romería en el día de la patrona que de protesta. En esas marchas se cantaba de todo, desde canciones y voces reivindicativas, hasta animados estribillos de excursiones. Había personas de todas las edades: niños, jóvenes, adultos y ancianos, bien digo, ancianos a los que supongo abandonar la fila al primer cruce; había bebés en sus carritos y con sus parasoles, agarrados a su biberón de agua, porque el calor apretaba de lo lindo, y había minusválidos, personas en sillas de ruedas, a muchos de los cuales su aparente estado les impedía saber a qué les llevaban y por qué. Como en las romerías, había más de jarana que de tensión, afortunadamente; más de ambiente festivo, que de crispación; nada de violencia y todo de civismo. Como en cualquier romería que se precie, había bocatas, tapers con viandas, abundantes botellines de agua, refrescos y alguna que otra bota de vino; eso sí, no había, o por lo menos no lo aprecié, la sangría fresquita que suele bautizar cualquier acto lúdico popular.

Bajo un sol de justicia, como dicen los clásicos de las frases hechas, se lanzaron al viento proclamas, eslóganes, consignas, reivindicaciones, y se pidió huelga general. Ese fue el principal argumento para próximas etapas: convocatoria de huelga general. Estas sí son palabras mayores y nada festivas. Pero una huelga general tendrá que convocarla alguien y solicitar su permiso también alguien. Si los sindicatos no parecen dispuestos a hacerlo, muchos menos los partidos políticos y para nada los empresarios, quizá sea el momento de conocer el nombre y apellidos de los organizadores de esta movida de indignados, quizá descubramos el verdadero rostro de los patrocinadores de este movimiento en el que todos caben y en el que hay de todo.

Lo que pasa es que organizar una huelga general es mucho más complicado que hacer una acampada, una sentada para cortar una calle, rodear un parlamento y a sus diputados u organizar una marcha romera en domingo caluroso. Si se quiere una huelga general clásica, de las de siempre, habrá que organizar piquetes informativos, formar a los miembros de esos piquetes, porque una huelga general sin piquetes que informen a la fuerza, no es huelga ni es nada, a no ser que este movimiento de indignados y asociados revolucione el sentido de libertad vigilada del trabajador que tiene una huelga general.

Ángel del Río

Cronista Oficial de Madrid y Getafe

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