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Autocrítica

Autocrítica

Por Pedro Fernández Vicente
jueves 26 de mayo de 2011, 00:00h
Actualizado: 02/06/2011 09:08h
¡Qué difícil es la autocrítica!. La negativa a reconocer los errores propios va unido al hombre al margen de su nivel social, de su profesión o su condición. Solo algunos pocos, con nivel intelectual, buena formación y capaz de mirar a los demás con un cierto respeto aguantan el tirón de la crítica más cercana, la de los colaboradores más próximos, esos con mayor facilidad para detectar errores todavía incipientes. Una autocrítica adecuada y oportuna evita males mayores, pero es imperceptible hasta el mismo momento en que ya no tiene solución.

El domingo por la noche, después del batacazo que se dio el Partido Socialista en la elecciones del 22 de Mayo, pudimos ver al presidente del Gobierno en los medios reconociendo que había ganado el PP, pero por culpa de la crisis. La culpa del empedrado, de cualquiera menos de la gestión realizada en el partido en los últimos tiempos.

Y no le sucede solo a él. En medio de la euforia de la victoria y la marea azul, el PP de Madrid también tuvo unos resultados que merecen una reflexión que nadie está dispuesto a observar. En el ayuntamiento de la capital se ha reducido el número de votos y el de concejales. Cualquiera puede pensar que la aparición de UPyD es suficiente justificación, pero no es así. Cuando se empiezan a perder votos alguna justificación tendrá ¿o no?. La respuesta es el análisis, la búsqueda de los pequeños detalles antes de que se conviertan en errores de bulto. Pero la autocrítica es como el alcoholismo: lo primero es reconocer que hay un problema y después atacarlo.

El individuo se protege con el rechazo de la crítica, que considera inoportuna e interesada y la organización sufre. También en la Comunidad de Madrid sería oportuno unos minutos de reflexión. Me consta que se esperaban algunos escaños más de los obtenidos. Es verdad que se ha incrementado el número de diputados, pero se esperaban más. De todas formas, nunca viene mal hacer un repaso y un buen análisis de comunicación sobre lo ocurrido.

Ese es el problema, la comunicación. Aquí todo el mundo sabe lo que tiene que hacer el cada momento y lo hace. Se improvisa, se responde, se opina y muchas veces el efecto es el contrario del deseado.

Las organizaciones, y los partidos lo son, precisan una disciplina de comportamiento, una política de comunicación única. Hay que evitar que cualquiera pueda hablar en representación colectiva. Un partido ha de guardar celosamente sus compromisos, sus comentarios y sus respuestas han de ser equilibradas, oportunas y siempre como satisfacción a una necesidad colectiva.

Lo contrario provocará, antes o después, una debacle electoral, que será cíclica, unas veces a uno y otras al adversario. Ahora le ha tocado al PSOE.
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