Son 15.000 en la capital y están absolutamente integrados. O eso dicen, porque el de los judíos es todavía un colectivo poco conocido. El pasado día 8, la Comunidad Judía de Madrid recordó la ‘Shoá’ en el Parque Juan Carlos I. Madridiario ha entrevistado a David Hatchwel, su vicepresidente.
En una sala de reuniones de uno de los rascacielos de Azca, una reproducción del Muro de las Lamentaciones y la paloma del diluvio grabada en hebreo exhiben la confesión de su inquilino. David Hatchwel, vicepresidente de la Comunidad Judía de Madrid (CJM), recibe a este digital en las oficinas de su empresa para mostrarse ante la opinión pública. "Queremos que se nos conozca por lo que somos, no por lo que dicen que somos", proclama.
La historia de la CJM encuentra su pasado más remoto a comienzos del siglo XX, cuando la Primera Guerra Mundial motivó la vuelta a España de un exiguo cuerpo de fieles, que fundaron la primera sinagoga madrileña en varios siglos. Era el año 1917 y habían pasado 425 desde el Edicto de Granada, por el que los Reyes Católicos expulsaron de España al pueblo judío.
David Hatchwel pertenece a una de las primeras generaciones venidas al mundo en el Madrid contemporáneo. "Nací en 1968 y me siento cómodo en mis vertientes de español, de madrileño y de judío". La década de los 60 es crucial para entender el origen inmediato del actual colectivo. Con la independencia de Marruecos, la mayoría de las familias que vivían en el norte de África decidieron establecerse en Madrid, ya que, según explica Hatchwel, "los judíos vivimos en núcleos urbanos". Era la primera página de una historia del regreso a la villa que les vio salir cinco siglos antes. "España y Madrid son ahora lugares muy hospitalarios y llenos de libertades. Esta ciudad profesa la multiculturalidad como uno de sus principales activos", comenta satisfecho.
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La sinagoga Bet-Yaacov
(en la calle Balmes 3),
actual punto de encuentro de la comunidad, fue fundada en 1968, el año en que nació Hatchwel. Las turbulencias de la historia latinoamericana de los 70 empujaron a muchas personas fuera de su país. Entre ellos, también tuvieron que venir a España los hijos y nietos judíos de las sagas europeas que ya habían huido del Viejo Continente a causa de las guerras mundiales. En nuestros días, este flujo migratorio sigue siendo una tendencia ininterrumpida. Su alcance es difícil de determinar. Las estimaciones numéricas no coinciden: "Nos sentimos una minoría y somos una minoría.Y no es fácil". Algunos de sus ritos, como la
alimentación kosher y sus productos derivados, son difíciles de practicar en un lugar que "no es ni Israel ni Nueva York".
La mayoría de
los miembros de la comunidad son ortodoxos, como Hatchwel. Siguen los preceptos judíos tal y como los recuerda la memoria hebrea, sin cambios: "Creemos que los mandatos divinos que nos vienen dados desde hace cinco mil años son un tesoro que no debe modificarse". Para el vicepresidente de la CJM, "algunos de sus contenidos son tan importantes que forman parte de la cultura moderna. Por ejemplo, el respeto al individuo". Y explica: "El hecho de que todo el mundo esté creado a la imagen y semejanza de Dios establece los primeros preceptos para los actuales derechos humanos. Si todos estamos creados de igual forma, todos debemos tener los mismos derechos. Y esto ha formado parte de nuestra comunidad no desde hace cien años, sino desde hace casi cinco mil".
El pasado día 8, Alberto

Ruiz-Gallardón asistió al
homenaje a los judíos perseguidos durante el Holocausto organizado por la propia CJM. El alcalde de Madrid se puso la 'kipá'. Su relación con los judíos, a todas luces, parece más que buena. "Excelente", según Hatchwel. "Tenemos un gran Ayuntamiento y una gran Comunidad, muy conscientes de que la tolerancia es el único sino de una metrópoli. Según les he oído, están orgullosos de sus madrileños de todo tipo de confesión, orientación sexual o política", añade.
Desde hace más de un lustro, la
Comunidad de Madrid abre las puertas de su Asamblea cada 27 de enero al Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, tal y como estableció Naciones Unidas. "A ese otro acto invitamos a más colectivos que fueron asesinados, como los homosexuales o los gitanos". Respecto al acto del Parque Juan Carlos I en torno al
monumento inaugurado en 2007, aclara que, a pesar del boato, "es algo más de carácter interno, porque depende de la fecha del calendario judío y porque es el día que estableció el Estado de Israel".

Durante la conversación Hatchwel introduce
largas digresiones sobre Israel, un concepto que evoca a veces desde lo político y otras, con emoción. Preguntado, por ejemplo, por las relaciones con su embajada, da rienda suelta a una apasionada defensa de aquel país que visita una vez al año. "Pienso en todas las familias que, diariamente durante dos mil años, han recordado Jerusalén en sus rezos por todo el mundo", apunta. Y habla de la melancolía por 'Sión', de que la israelí es una sociedad "extremadamente tolerante, donde los gays de Oriente Medio se refugian" y donde "todo el mundo adora España".
Sobre la
relación con las otras confesiones, insiste: "cordialidad, siempre que se hable de las realidades y no de la deslegitimación del Estado de Israel". Algo que, según se queja, "hemos oído desgraciadamente desde muchos colectivos en España". La institución que él gestiona forma parte de la Fundación Pluralismo y Convivencia, y él, a título personal, del patronato que está organizando la visita del Papa en agosto a la capital. "Los cristianos, los musulmanes y los judíos tenemos una raíz, un tronco común. Ahí es donde hay que intentar buscar el nexo de unión. Hay gente que mira lo que nos separa, pero nosotros intentamos mirar lo que nos une".

Precisamente, el
Observatorio de Antisemitismo ha revelado hace unas semanas que la sociedad española no está libre de pecado. En Madrid se han registrado insultos, boicots, pintadas e intimidaciones contra esta comunidad. Para prevenirlos, los jóvenes judíos asisten a clases de antisemitismo. "En España tenemos todavía un problema, porque en algunos ámbitos se nos juzga por una visión del estado de Israel que no es real y se habla de una manera simplista y maniquea de un conflicto muy complejo".
El fantasma de la marginación es, ahora, su "segunda tarea". Combatir
la mítica etiqueta de colectivo "cerrado" es el objetivo de su reciente departamento de prensa. "Tenemos una cosa muy clara: en el siglo XXI, si no estás en los medios de comunicación, no existes. En los últimos años estamos abriéndonos, a la par que la sociedad española". Quieren corregir la visión que "alguna prensa" ofrece de ellos. "Tenemos un problema con los medios de comunicación. Deben ser responsables, objetivos y tener cuidado", advierte. Y concluye: "Una cosa es la opinión pública y otra, la opinión publicada".