Delicadas: una maleta de recuerdos
domingo 17 de abril de 2011, 00:00h
Actualizado: 18/04/2011 08:13h
Vuelve T de Teatre a Madrid quince años después de triunfar con '¡Hombres!'. Durante un mes se instalan en el Español con 'Delicadas', un montaje que hace honor al título. Alfredo Sanzol, autor y director, ha abierto la maleta de los recuerdos que le dejó su abuela y los ha subido al escenario.
Es inevitable remitirse a 'Días estupendos' para hablar de esta producción. Como en aquella, no existe una obra con presentación, nudo y desenlace. Se confecciona con una serie de historietas, bien hilvanadas y estupendamente interpretadas. Sucedidos de mujeres fuertes, a pesar de su aparente delicadeza. Mujeres acompañadas por hombres pusilánimes o resignados, que acaban haciendo siempre lo que ellas quieren. Son cuentos teñidos de nostalgia que no se presentan con el color sepia que delata el paso del tiempo, sino con unos colores suaves.
Nos hace pensar esta propuesta que las historias y sus personajes acabaran desapareciendo, difuminados por el tiempo. Anécdotas preferentemente rurales y con el telón de fondo de una guerra, que no se ve pero que afecta a los protagonistas. Parece inevitable que entre tantos cuentos se cuele alguno que no acaba de encajar en el conjunto, como el diálogo sobre facebook entre padre e hija. Otros tienen un humor desbordante, sobre todo cuando rozan con el surrealismo. Así sucede con el aterrizaje del aviador para beber agua de un botijo, o con el concierto para platillos, el momento más afortunado de toda la velada.
Estas delicadas esconden puño de hierro en guante de seda. No queda ninguna duda de que las mandonas son ellas, aunque monten un escándalo por la presencia de un ratón en la cocina. Los hombres aparecen como comparsa imprescindible, pero en segundo plano.
Transitar entre personajes y épocas distintas exige una neutralidad en vestuario y puesta en escena que no lastre el ritmo del espectáculo. Todo es atemporal, como si hubiera sucedido ayer. O podría pasar mañana. El brillo de la función es para las actrices, siempre eficaces y con un extraordinario sentido del humor. Hay momentos más agradecidos, como el monólogo sobre Margarita y el pescadero o el atropello del perro, en los que arranca el aplauso su protagonista, Carmen Pla.
A Sanzol le funciona esta manera de hacer teatro. Conecta fácilmente con el espectador y lo convierte en aliado desde la primera escena. A mí me pareció más redondo 'Días estupendos', con más carga emocional y más hondura. Además, jugaba con la baza de la sorpresa: no le habíamos visto al director esta fórmula. Ahora ya nos la sabemos y Sanzol no la oculta. La clave está en ver cuánto tiempo siguirá gustando como estos dos espectáculos. Por cierto, 'Días estupendos' está de gira por España. Si topan con ellos, no dejen de verlos.