lunes 11 de abril de 2011, 00:00h
Actualizado: 18/04/2011 13:37h
Han realizado ya varios actos, entre ellos una manifestación que terminó como el rosario de la aurora, por cierto. Son jóvenes, la mayoría han estudiado mucho, se han formado, han viajado a aprender idiomas porque les dijeron que eso era imprescindible para encontrar trabajo; un alto porcentaje son universitarios porque eso, les decían, "siempre da oportunidades", y "te será más fácil encontrar un trabajo mejor". Dominan la informática. Son, seguramente, la generación mejor preparada de nuestra historia. Y, según apuntan los gurús, puede que su futuro sea emigrar a algún país europeo más avanzado económicamente donde reediten el "Un franco, 14 pesetas", aunque en versión siglo XXI.
Y encima, les llamamos NI-NI. Y eso sí que no; los Ni-Ni son otra cosa: son esos chicos y chicas que ni estudian ni trabajan porque no quieren hacerlo; los que se han acostumbrado a vivir de la sopa boba, porque viven fenomenalmente bien con el paraguas paternal del "gratis total". Estos que salen a la calle y reivindican que están "sin trabajo y sin futuro" son otros. Y hay que escucharlos, porque también dicen "sin miedo". No lo tienen porque, en realidad, les queda poco que perder.
Ojalá su mecha prenda. Ojalá demuestren que los jóvenes del siglo XXI son algo más que botellones y ruta del bakalao. Que muchos tienen inquietudes. Que sí quieren trabajar, pero no por cuatro perras y sueldo de becario haciendo trabajo de profesional y ahorrándole muchos duros a las empresas. Arrancar en la vida laboral nunca ha sido fácil, pero antes al menos, sabías que los años de "aprendiz" y "chico para todo" terminaban recompensándose con un contrato y posibilidades reales de promoción. Ahora, son becarios con casi 30 años. Si consiguen que su protesta no se disuelva como una pompa de jabón, tal vez consigan demostrar, de nuevo, que debajo del asfalto sigue estando la hierba.