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Una odisea informativa

Una odisea informativa

Por Enrique Villalba
martes 08 de marzo de 2011, 00:00h
Actualizado: 16/03/2011 19:42h
Leía el otro día cómo Arthur C. Clarke cuestionaba si tenía sentido llamar periódicos a los medios de comunicación en la época espacial lunar (que el autor fechaba en 1999). En esos momentos, la información ya se consideraba un producto que debía ser instantáneo. La obra es '2001. Una odisea espacial' y fue escrita en 1968. Estas palabras han resultado ser sorprendentemente vanguardistas.

A los medios de comunicación se les exige hoy día inmediatez, análisis, información contrastada y objetividad. Cada cual solventa estas exigencias mal que bien, con sus ventajas e incovenientes. Aquellos que se publican en Internet tienen que ser todo eso, y además incluir formatos de prensa, radio y televisión entre sus contenidos.

Sin embargo, para parte del público y para muchos periodistas, ni siquiera todo ese trabajo es suficiente para valorarlos como medios de comunicación. El auge de los blogs, las redes sociales y del periodismo ciudadano hace que se diluya en la percepción del público su carácter informativo. Estos avances son buenos complementos del verdadero trabajo periodístico, no información trabajada. Un ciudadano cualquiera no puede hacer periodismo sin formación por mucho que sepa escribir, al igual que no puede hacer una casa bien hecha si no es albañil.

En cuanto a los compañeros de profesión, a principios de año fui testigo de la demonización que algunos hacían de los medios en Red, en la presentación del 'Informe de la Profesión Periodística' que hace la Asociación de la Prensa de Madrid, al no considerarlos verdadero periodismo. No es el primer nicho periodístico donde escucho esta monserga. Creen que acabarán con los medios tradicionales, destruirán el sector y el empleo ¿Les suena? También se dijo esto de la radio, la televisión y la prensa gratuita.

Por desgracia para estos críticos, anclados en una realidad del periodismo que nunca volverá, Internet solo es un soporte más. Eso no convierte a estos medios en portales, webs u otros apelativos despectivos que los diferencian de su naturaleza como productores de contenidos informativos (hay, no obstante, espacios digitales que se hacen llamar también medios y que no hacen otra cosa que aprovechar la producción ajena para tratar de acceder al pastel de la publicidad). Y en este soporte se hacen, como en todos los sitios, buenos y malos productos informativos con las exigencias que antes comentaba. Compitiendo con las agencias de noticias y las radios en velocidad de publicación, con los periódicos en calidad de análisis y de imágenes, y aportando contenidos extra como vídeos, declaraciones grabadas y documentos escritos. Todo eso y, además, jugando con las sinergias de la Red. Un producto muy completo y casi instantáneo. Se ajustaría bastante a las apreciaciones de Clarke.

Antes que ver a Satán en la Red, el sector debería analizar los verdaderos problemas que nos aquejan. A veces parece que hay una estrategia para empeorar la profesión: peor formación, peores sueldos y menos contestación a la autoridad. Hay ejemplos para dar y tomar. Una oleada de profesionales de experiencia y valía ha sido despedida porque las empresas quieren periodistas más baratos. Piensan que no se nota la diferencia entre un becario y un redactor consagrado. Agravan la situación con máster que intitucionalizan el instrusismo profesional gratuito (porque es obvio que estos becados pagan sus prácticas profesionales con el dinero que han adelantado). O el recorte de sueldos, que trata de igualarse por lo bajo. Es decir, en los niveles salariales en los que se mueve la prensa digital.

También podrían intervenir para evitar que proliferen más facultades privadas de periodismo. Que conste que estudié en universidad privada y que no me parece mal que existan. El problema es el exceso. Según el informe de la APM, en España hay unos 35.000 puestos de periodista, 70.000 profesionales y 30.000 alumnos estudiando la carrera. Es decir, que en 5 años habrá 1 empleo por cada 3 licenciados, más los intrusos. Y cada vez más universidades se unen al carro de ofrecer una de las llamadas 'profesiones del poder'. Es decir, empleo más precario para el colectivo en general. Las soluciones podrían pasar por fijar las notas de corte de las universidades públicas en las privadas o establecer estrictas pruebas de acceso, aptitud y actitud para frenarlo. Así, de rebote, evitarían que sólo tenga acceso a los estudios que desee el que tenga dinero.

En vez de quedarse en los problemas, los informadores deberían centrarse en buscar soluciones. Representaría un acto de madurez para la profesión. Sobre todo, con la que está cayendo. Pero conociendo el corporativismo y el espíritu de colaboración de los periodistas, eso es pedir la Luna. Una odisea informativa.
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