El servicio de acompañamiento de la EMT ayuda a grupos de escolares, mayores y turistas a realizar visitas organizadas, a través de las líneas ordinarias de autobús de la capital. Así funciona este servicio municipal.
Raimundo llegó un poco antes de tiempo. Se colocó su chaqueta verde y dejó bien visible su acreditación: 'EMT. Servicio de Atención Móvil'. Allí esperó a que saliese la clase que tenía asignada. El día se presentaba atareado. Nada menos que 20 colegios habían solicitado para ese mismo viernes el servicio de acompañamiento de la Empresa Municipal de Transportes. A él le correspondía el Colegio San José. Los alumnos fueron saliendo y colocándose en fila tras sus profesores, María y Pablo. Iban a ir a una exposición gratuita de la Biblioteca Nacional. Tras un breve paseo, alcanzaron la parada del autobús, donde esperaba un vehículo regular de la línea 28, que cubre el trayecto entre Canillejas y la plaza de la Independencia.

"Este no es un servicio discrecional. El autobús no lleva de puerta a puerta a los alumnos. Lo que realizamos es un acompañamiento peatonal y en transporte público de los chavales del colegio a la zona que les interesa y viceversa". Habla Miguel Ángel Escudero, jefe de operaciones del Servicio de Atención Móvil (SAM) de la EMT. El sistema consiste en que el colegio solicita por fax el acompañamiento, detallando número de niños, profesores y destinos (habitualmente, museos, parques de tráfico, teatros, centros de Policía o Bomberos, y hasta la estación de Atocha). Entonces se traza el plan de viaje.
El coste de un billete
Con esos datos, que se transmiten al centro de pantallas municipal, la EMT refuerza el servicio de la línea solicitada, ya prevenida de la situación extraordinaria que suponen estos jóvenes para la actividad normal de la línea. El autobús ejerce su trabajo de la manera habitual, no se reserva para el colegio. Los chavales suben, pican y comparten pasaje con los viajeros comunes. "Hacemos un doble papel. Al estar prevenidos, podemos optimizar recursos y evitamos saturar líneas. Por otra parte, abaratamos el coste de actividades escolares a los colegios, ya que el único gasto que hay que acometer es el del billete. Y ni eso, si tienen abono", añade Escudero.

Raimundo argumenta que "a bordo, comprobamos la validación de todos los tiques, inculcamos a los alumnos la conducta idónea y tratamos de que se acostumbren al transporte colectivo. A su vez, tratamos de que el resto de clientes entiendan la situación y sean pacientes". Al llegar a destino, se concreta con los profesores la hora de regreso y se mantiene una serie de trabajadores de la empresa municipal como retén por si ocurre algún imprevisto. "Si un niño se pone enfermo u ocurre cualquier contingencia -incide Escudero-, el servicio manda a alguien a apoyar a los profesores. También hay refuerzos si hay que atender a algún discapacitado".
Escapadas
En 2010, el servicio de acompañamiento transportó a 35.160 niños de 822 colegios de la ciudad, en grupos de diversas dimensiones (el máximo al que han llegado ha sido 300 jóvenes a la vez). No sólo ayudan a niños, sino que se atiende a ancianos, empresas, turistas o cualquier grupo que lo solicite para cualquier hora y casi cualquier día del año. En el 99 por ciento de los casos, al funcionar con escolares, funciona durante horario lectivo y en algunas escapadas de fin de semana. "Usamos habitualmente el acompañamiento porque reduce considerablemente el coste de excursiones que, en otro caso, no podríamos organizar si tuviésemos que contratar un autobús privado y pagar la entrada. Es bastante cómodo, no se pierde tiempo y el personal es muy atento", comentan los profesores. Al regresar, Raimundo acompañó de nuevo a su colegio a los jóvenes. Casi de puerta a puerta. Una aventura de autobús.