Francisco Maestre, un actor de teatro
jueves 27 de enero de 2011, 00:00h
Actualizado: 28/01/2011 14:20h
La muerte a primera hora de la tarde del actor Francisco Maestre ha sido una dolorosa sorpresa, aunque en los últimos tiempos su salud provocó algunos sustos a sus amigos. Hoy se ha sentido mal mientras grababa para Televisión Española la serie ‘Amar en tiempos revueltos’. Traslado al hospital Clínico, ha fallecido por un paro cardíaco.
Aunque ha intervenido en algunas películas importantes, como ‘El espinazo del diablo’ (2001) o ‘La mala educación’ (2004), Paco ha sido, sobre todo, un actor de teatro. Nació el año 1957 en una de las localidades más históricamente relacionadas con la escena: Mérida. A principio de la década de los ochenta comenzó a despegar como actor en teatro y televisión, sin llegar a alcanzar personajes protagonistas, condicionado sin duda por su imagen.
Dotado de una voz impresionante y de un físico poderoso, fue actor idóneo para algunos de los personajes más esperpénticos del “teatro furioso” de Francisco Nieva. De este dramaturgo estrenó ‘Coronada y el toro’ (1982), ‘Corazón de arpía’ (1989), ‘El baile de los ardientes’ (1990) y ‘Pelo de tormenta’ (1997). Por este último montaje obtuvo el Premio Max al Mejor Actor de Reparto.
Su imagen no siempre fue un condicionante negativo. Le permitió encarnar algunos personajes “característicos”, sobre todo en zarzuelas. Se adentró en este género musical con ‘La bella Helena’ (1995), ‘El barberillo de Lavapiés’ (1998), ‘El huésped del sevillano’ (2004) o ‘Black el payaso’ (2006).
Resultó un actor muy eficaz para el teatro clásico, tanto español como el europeo en general: 'Las mujeres sabias' (1984); ‘El burgués gentilhombre’ (2003) y, casi por lógica, el Falstaff de ‘Las alegres comadres de Windsor’ (2001).
Obtuvo un gran éxito personal con el monólogo ‘El cerdo’ (2001). En los últimos años había intervenido en ‘Romance de lobos’ (2005). Hace poco menos de un año interpretó para el Centro Dramático Nacional ‘El balcón’ de Genet. Después se embarcó en un proyecto más ligero, ‘De cerca nadie es normal’, en cuyo estreno no pudo participar debido a una enfermedad. Meses más tarde lo retomó cuando se repuso en el Nuevo Alcalá. Ha sido su última aventura escénica.
Como a muchos actores de reparto, los éxitos en un determinado montaje o en una película no le garantizaron una continuidad laboral que le permitiera una vida más cómoda. Pero nunca renunció a participar en aventuras arriesgadas cuando se lo proponía. Seguramente quería demostrar que el talento es independiente del físico y que encarnando personajes límite podía lograr, como así fue, el reconocimiento de profesionales y público.
Pero el tiempo para seguir intentando dejarse la piel en la escena se le ha terminado bruscamente. Y ha sido trabajando en un plató de televisión. Se ha ido un buen actor, un buen amigo y una buena persona.