Ayudas para comprar el coche, ayudas para la financiación, ayudas para la innovación, incentivos a la contratación, préstamos en condiciones preferentes, pluses por mantener la actividad y así hasta una infinidad. Las ayudas de las administraciones públicas para enfrentarse a la crisis están a la orden del día, ¿pero qué pasa cuando el grifo se cierra de una vez y para siempre, cuando las ayudas no llegan y todo parece abocado al cierre definitivo?
De entre las miles de historias y cierres de empresas que trae aparejadas la crisis económica,
Madridiario ha elegido dos casos que ponen de manifiesto cómo el esfuerzo, el tesón y las ideas pueden ser el mejor salvavidas. Un ejemplo de luchadores que se han enfrentado a la recesión a pecho descubierto y están consiguiendo aguantar el tirón pese a estar vinculados a dos de los sectores más golpeados, la
construcción y el
automóvil.

Éste último es el caso de
Javier Francés, que con un taller mecánico en Móstoles por negocio buscó hace cinco meses la forma de aumentar sus ingresos, justo cuando todos sus clientes decidían ahorrarse en reparaciones lo que la crisis no les permitía gastar. La idea, nacida de una charla con sus compañeros, surgió de forma espontánea: un servicio de
reparación y montaje a domicilio de neumáticos, llantas, pastillas de freno y otras revisiones básicas.
Dicho y hecho, Javier adquirió de sus ahorros una furgoneta de gran capacidad, solicitó todos los permisos y lanzó
ruedasadomicilio.com con una inversión de 12.000 euros. "Es un taller en casa o en el trabajo. Nos pides las ruedas que quieras y te las montamos allí donde tengas el coche gracias a un gato transportable que permite levantar 3.000 kilos". Si hay espacio, 5 euros adicionales por rueda separan el traslado al taller de que el mecánico llegue hasta casa.
Las ayudas oficiales, en el caso de Javier, eran
"desconocidas" o bien no tenían aplicación a su negocio. "Nuestra idea era diversificar. Si salía mal, al menos tendríamos un espacio más de taller donde trabajar", explica. Eso sí, Javi y sus compañeros Antonio, Fernando y Adrián no eran novatos en esto de emprender, ya que su taller fue pionero en el negocio de la venta de ruedas por Internet (ruedasbaratas.com) y después, en 2008, en hacer
ofertas a parados.
Cabeza de ratón o cola de león Y de un caso de innovación a otro de reconversión. En el caso de
Javier Arranz, la necesidad fue virtud en el momento en el que en septiembre de 2009 su empresa de montajes eléctricos con 14 trabajadores entró en barrena. El motivo, la
deuda de 50.000 euros que le dejó una conocida constructora vasca que después declaró el concurso de acreedores.
Para Calher Montajes Eléctricos, la de las empresas dedicadas al ladrillo -fuera para viviendas o para grandes construcciones- resultó una mala compañía. Ni el Instituto de Crédito Oficial (
ICO) ni su banco de siempre, al que nunca adeudó un euro, le salvaron pese a tener una empresa rentable y a haber sido parte de la ampliación de la
cárcel de Quatre Camins (Granollers), la
Terminal 4 de Barajas, la remodelación del 12 de Octubre o la construcción de los flamantes
Teatros del Canal en Madrid capital. "Cerraron todo el crédito y la empresa tuvo que cerrar, eso sí, con todos los trabajadores se llegó a un acuerdo y todos fueron indemnizados", resume.

Hoy, Calher ya no existe, pero Javier no se ha rendido. Con 27 años y con una gran experiencia acumulada ha vuelto a los trabajos 'pequeños' como medio para volver a crecer. "Ahora estoy como autónomo porque pago menos IRPF e IVA y tengo a
dos chavales conmigo. Han aprendido bien y vamos a ir de nuevo para arriba, aunque va a costar mucho", resume entre optimista y resignado. En el horizonte comienzan a aparecer nuevos proyectos –viviendas, residencias, hospitales- que espera cuajen pronto, porque
el trabajo escasea. En su opinión, los buenos profesionales no abundan, y si la crisis tiene que enseñar algo es que los mejores "pueden tirar para arriba". Con "mucho esfuerzo" y planteamientos valientes, eso sí.