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Rato relanza Caja Madrid

Rato relanza Caja Madrid

jueves 31 de diciembre de 2009, 00:00h
Rodrigo Rato embarcó a Caja Madrid durante el año 2010 en un viaje hacia la estabilidad para lograr afrontar la crisis económica y hacer olvidar al tiempo el convulso proceso que antecedió a su llegada.
El año comenzó con el ex ministro de Economía cogiendo el timón de un barco que navegaba en aguas turbulentas no sólo políticas -el 'caso del vómito', el desafío del Partido Socialista y el Partido Popular de Madrid a sus direcciones nacionales para no perder el control de la entidad o el empeño de Miguel Blesa en aferrarse al sillón presidencial y sus polémicas decisiones-, sino fundamentalmente económicas como la crisis, las problemáticas inversiones hechas por su antecesor o el 'pufo' de Gescartera.

Rato tomaba posesión el 28 de enero respaldado de manera unánime por un Consejo de Administración cuyos componentes habían sido convenientemente pactados con las fuerzas políticas y sindicales de la región. Miguel Blesa le daba el relevo lamentando que éste se hubiese producido con "más ruido del deseable", ruido que aún continuaría cuando un micrófono abierto pilló a la presidenta Esperanza Aguirre valorando de una forma muy particular los cambios en la entidad: "Yo creo que nosotros hemos tenido la inmensa suerte de poder darle un puesto a IU quitándoselo al 'hijoputa' dijo refiriéndose al presidente de la Comisión de Control a quien luego pidió disculpas.

El episodio pasó y Rato afrontó su gran reto: la 'fusión fría' con Bancaja y el acuerdo similar con el grupo formado por con Caja Ávila, Caja Segovia, Caixa Laietana, Caja Rioja y Caja Canarias. El nuevo Sistema de Protección Institucional la convertía, en la práctica, en la primera entidad bancaria nacional, sólo por detrás de Banco Santander y el BBVA como operadores nacionales con presencia internacional.

Las prioridades
La nueva dirección de Caja Madrid se trazó tres líneas de actuación claras ya antes de la fusión: reactivar las ayudas a las pymes de la región (condición sine qua non exigida por los sindicatos para investir a Rato presidente), el reforzamiento de la solvencia y la venta, como consecuencia de la anterior, de activos inmobiliarios. Junto a éstos, anunció un adelgazamiento de la estructura de la Obra Social con el cierre de centros sociales y la reducción de un 5% del sueldo de sus consejeros como medida de ahorro.

Entre enero y septiembre, los resultados provisionales anticipaban que el beneficio respecto a 2009 se reducía un 62,8% al destinar 1.100 millones de sus ingresos a aumentar sus provisiones para posibles imprevistos. Como medida adicional, Caja Madrid preparó en noviembre una emisión de deuda avalada por el Estado por valor de 5.200 millones para alargar el vencimiento de la misma. En los primeros seis meses del año, la entidad vendió 2.256 inmuebles, más del doble de los vendidos el año anterior, por importe de 300 millones de euros. Según Rodrigo Rato, la Caja esperaba cerrar el año con números similares a 2009 (265,8 millones), habiendo firmado ya acuerdos como el que suponía destinar 2.500 millones de euros a la financiación de pequeñas y medianas empresas.

Para 2011, Caja Madrid tiene por delante la reestructuración a la que obliga su fusión con las seis cajas mencionadas, que incluía el cierre de 200 oficinas y la pérdida de 1.600 empleos cuando se produjo la fusión con Bancaja y que aumentó hasta 3.400 trabajadores y 500 sucursales al firmarse el acuerdo con las otras cinco cajas.
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