'La violación de Lucrecia': un lujo
miércoles 24 de noviembre de 2010, 00:00h
Actualizado: 27/11/2010 18:38h
El Teatro Español ha logrado dos pelotazos rotundos en esta primera parte de la temporada. Todos eran mis hijos logró colgar el cartel de “No hay localidades” en muchas funciones. Nuria Espert ha vendido todas las entradas para todas las representaciones de La violación de Lucrecia. Ante la demanda de localidades volverá el 29 de diciembre para otra corta serie de representaciones.
El trabajo de Nuria Espert en este poema de Shakespeare es un lujo. Para la actriz y para el espectador. A estas alturas de su carrera la Espert no necesita demostrar nada. Si se ha lanzado al arriesgado ejercicio del monólogo será por placer, por mostrar su dominio escénico. Y para el espectador es un lujo estar a tres metros de la diva, viéndole hasta los empastes de las muelas durante la función.
¡Qué extraordinariamente difícil es hacer coloquial el lenguaje de esta obra! Pero no nos perdemos ni una palabra y la actriz nos hace llegar con toda claridad el contenido de este poético y enrevesado texto. Lo que comienza como el ejercicio de una actriz, se convierte en un recital interpretativo. Ver durante setenta minutos a Nuria Espert transitar de un personaje a otro es, sencillamente, fascinante. Sentada a mi lado, Llum Barrera se mostraba asombrada por la capacidad que tiene Nuria de evocar imágenes y situaciones sólo con su rostro y sus manos. Los espectadores oímos el relato, pero “vemos” el drama.
Lo más importante de este espectáculo no es la historia tremebunda de esta violación. Es el catálogo interminable de recursos de la protagonista. Y la dirección extremadamente minuciosa de Miguel del Arco. Crea, alrededor de la actriz, una atmósfera plagada de efectos luminosos, de apuntes sonoros, de movimientos y posiciones que enriquecen la puesta en escena. A los dos les basta una cama, una mesita y unos pocos lienzos de tela para desplegar ante los ojos del público una historia teatral. Como a los buenos prestidigitadores, no se les ve el truco en la cercanía. Los espectadores de la primera fila pueden tocar literalmente a la estrella. Y ante esa situación, no se pueden hacer trampas: se verían las cartas en la bocamanga o la paloma en el bolsillo.
La violación de Lucrecia tendrá el recorrido temporal que quiera su protagonista. Es de esos espectáculos que se rifan los programadores y que llenarán cualquier recinto donde se representen.
Lo dicho: un lujo en todos los sentidos.