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El regalo perdido

El regalo perdido

lunes 22 de noviembre de 2010, 00:00h
Desde que comenzó la crisis económica, el gasto que los madrileños hacemos en Navidad, tanto en comida como en celebraciones y regalos, ha ido descendiendo. Un 6 por ciento en 2008, más del 10 en 2009, y por encima del 7 en 2010. En total, casi un 25 por ciento de descenso del dinero que invertimos en las fiestas navideñas. Haciendo una simplificación, de cada cuatro regalos que nos traían los Reyes Magos, ahora sólo llegan tres; el otro se ha perdido por el camino. 

Cabe preguntarse si, con todo lo que está lloviendo, alguna vez las cosas volverán a ser como antes. Tal vez, como dicen los chinos, crisis y oportunidad se escriban con la misma palabra, y sea ésta la ocasión ideal para cambiar de rumbo nuestras extrañas vidas. Lo digo porque, una vez eliminado el paro y los impagos a las empresas, sería probablemente un error volver a caer en los mismos vicios del pasado: el crédito fácil, el recurso al banco para hacer un viaje o cambiar la tele de 42 pulgadas por una mayor, la hipoteca por la que se paga un porcentaje del sueldo imposible de asumir ante cualquier contratiempo...

Las navidades son, por naturaleza, una época de dispendios: piensen si no en el papel de regalo, ese que rasgamos al abrir los paquetes y con el que hacemos luego una bola que acaba en la basura.  Seguramente la crisis haya reducido esta tendencia; los datos que recogen organismos como la Federación de Usuarios consumidores Independientes así lo atestiguan. Antes de que llegue el político de turno a recomendarnos que organicemos las cenas navideñas con conejo, porque es "sano y barato", tal vez sea buen momento para hacer una reflexión general sobre el sentido de las fiestas y la necesidad -o no- de demostrar la alegría gastando lo más posible. Una economía que se basa en el consumo compulsivo y progresivo hasta el infinito no tiene futuro; probemos otras fórmulas.
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