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Exigencias, despotismo y falta de cultura

Exigencias, despotismo y falta de cultura

lunes 27 de noviembre de 2006, 00:00h
En un hospital de Madrid hace poco leía un cartel en el que ponía “Prohibido pegar al médico”. Y es que tenemos niños, jóvenes que han padecido una dieta consistente en derecho a exigir, a dictar, a ser individualistas, a centrarse en sus intereses, y se ha olvidado de administrarles el derecho a ser condescendientes y generosos, a saber esperar, ser tolerantes y solidarios, a pensar en los otros, en el prójimo.

Se está arrumbando lo que significa respeto a uno mismo, a los demás, a nuestros mayores. Algo tan necesario y, sin embargo, en desuso. La ética debe guiar nuestras metas y ser instaurada desde pequeños, enseñando a utilizar el razonamiento, la capacidad crítica, la explicación de las consecuencias que la propia conducta tendrá para los demás. Hay que propiciar que el niño se sienta responsable de lo que le ocurre en su vida, evitando mecanismos defensivos. Hemos de acrecentar su capacidad para diferir las gratificaciones, de tolerar frustraciones, de controlar los impulsos, de relacionarse con los otros. Fomentar la reflexión como contrapeso a la acción, la correcta toma de perspectiva y la deseabilidad social.

Hemos de educar en los valores cívicos, en los buenos modales que facilitan la convivencia, la vida en sociedad. Dar las gracias, decir por favor, ceder el paso, ayudar a los disminuidos, levantarse de un asiento ante la presencia de una persona de edad o una mujer embarazada, ser amables, respetar otras costumbres, ser gestualmente adecuado.... Son normas de urbanidad, que hemos de enseñar a los pequeños, pero que sobre todo hemos de mostrar.

Al unísono hemos de prevenir la cultura de la violencia, no podemos permitir que la violencia se aprenda. Tenemos que erradicar la creencia de que en la vida no cabe más que agredir o ser víctima. Hay que preparar a niños y jóvenes para resistir la presión de grupos que incitan a la violencia y hacerles críticos ante la avalancha de mensajes que reciben por distintos medios donde la violencia se recrea en sí misma, o la agresividad y malos modos es la forma de conducirse como vemos a veces a algunos políticos.

Desde el primer momento hay que demostrar que se aborrece la violencia, que le hace sentir mal. Hay que enseñar estrategias a los niños para no odiar, para reducir o desplazar la ira y el enfado, para no dañarse a sí mismo o a los demás.
Educar en la reflexión, en la utilización del mediador verbal como forma de resolver  problemas, en la apreciación de lo distinto, en los ideales.

Y es que no se les enseña a manejarse en el conflicto, a guiar sus pensamientos.
La envida, el rencor, la ansiedad, hunden su etiología en las comparaciones, en el regurgitamiento de las ideas que se recrean en sentimientos ofensivos, en pensamientos inquietantes.

Hay que enseñar a los niños a reconducir el curso de sus ideas, a pensar de manera alternativa, a no cortocircuitarse, a desarrollar habilidades metacognitivas. Inducirles lo que es el perdón, la compasión.

Si además se les transmite malas vivencias de las intenciones ajenas pueden vivenciar a los demás como un constante ataque exterior a su autoestima. Hemos de formarles en lo que nos une, en el optimismo, en que el otro, por serlo, es tan majo como yo, en la capacidad autocrítica y en el humor que hoy parecen hurtados.
Hemos de facilitar el vivir con, y para ello se ha de propiciar la inmersión en la cultura, la experiencia en sí mismo, el desarrollo de la afectividad y la motivación de logro.

La inteligencia ha de servir para alcanzar la adaptación interpersonal, premisa básica para compartir felicidad, adecuarse a las emociones ajenas mediante la empatía es facilitar las relaciones, vivir con humor es saber vivir y hacérselo más fácil a los demás, saber perdonar es de sabios, perder el tiempo en la venganza es de necios, pues sin el “´tú” no existe el “yo”, ni el “nosotros”.

Javier Urra
Psicólogo Forense del Tribunal Superior de Justicia de Madrid. Patrono de UNICEF.

Javier Urra

Primer Defensor del Menor

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