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La red de huertos escolares se extiende por siete centros de la capital

La alegría de la huerta

La alegría de la huerta

domingo 29 de abril de 2007, 00:00h
A los niños del Colegio Pablo Picasso les han dado calabazas, el mejor premio para la clase más original. Es la que tienen cada semana en la huerta del colegio, donde los chavales se comprometen con la naturaleza y aprenden el valor de los frutos que nacen de la tierra. En la capital ya hay siete centros educativos con huerta escolar, una iniciativa de la Concejalía de Medio Ambiente, enmarcada en el proyecto de Agenda 21, y  cuyo objetivo es extenderlos a otros colegios de la capital.
Hoy en el cole hay clase de 'huerta'. Claro que no es una clase de la ESO, pero eso no importa. Es más sana y natural y "les aporta el contacto con la realidad, y el conocimiento necesario para el respeto a las plantas y a la naturaleza", dice Miguela del Burgo. Ella es la directora de este centro escolar del distrito de Hortaleza y la impulsora del huerto escolar que adorna el fondo del patio. Hoy día hay otros seis como éste en otros tantos colegios 'hortelanos', una iniciativa enmarcada en el proyecto de Agenda 21 Escolar que promueve la Concejalía de Medio Ambiente del Ayuntamiento, y cuya intención es extenderlo progresivamente a otros centros de la ciudad.

En el Pablo Picasso todos, sin excepción, han cogido un cariño especial a la huerta donde ya crecen las lechugas, las cebollas, las tomateras o las plantas de las calabazas , las sandías y los melones, además de las plantas aromáticas. Como una red social, niños, maestros y hasta padres y abuelos contribuyen a mantenerlo sano y fecundo y más de uno aprovecha sus horas de descanso para asomarse al huerto, como si fuera una ventana de la casa del pueblo. "Algunos niños saben qué es ésto, porque lo han visto en casa de sus abuelos, o de sus tíos, pero la mayoría no se plantean otra cosa que no sea que las plantas surgen del Carrefour", señala una de las maestras de cuarto.

Desde los más pequeños hasta los niños de 12 años, todos aprenden algo aquí: plantar, escardar, regar, cuidar los frutos y recolectarlos. "Hacemos coincidir el ciclo biológico de las plantas con el ciclo escolar de los chavales -explica Diana Blanco, bióloga y coordinadora de los huertos escolares del Ayuntamiento de Madrid. De este modo el calendario consiste, primero, en hacer un estudio previo de las condiciones del colegio, y luego preparar el terreno, aportando a la tierra los nutrientes que le faltan. El suelo se convierte, así, en una radiografía del barrio que permite también conocer si donde hoy se levanta el colegio hubo un día terrenos fecundos o escombreras.

La tercera etapa, que cierra el año, consiste en la entrega de material básico y a partir de principios de año se trabaja ya sobre las plantas, primero con los semilleros, después con la disposición de las instalaciones, entre marzo y abril, hasta que llega la época de verdadero trabajo, entre mayo y junio, con el trasplante el cuidado y el riego. Es lo más parecido a un huerto ecológico porque aquí brillan por su ausencia fertilizantes e insecticidas. "Si hay pulgón arrancamos la planta. Es preferible que haya menos tomates a tener que recurrir a productos químicos".

Con la cosecha también se hacen otros talleres  y casi nadie se va de este colegio sin un tributo: unas ramitas de perejil, una cebolla  y hasta una calabaza, muy dada ésta a las habladurías, por eso de que estamos en un colegio. "El pasado año la cosecha fue una deshonra -bromea Miguela- porque obtuvimos una abundante cosecha de calabazas, y fueron muchos los que salieron de aquí con una".
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