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La Comunidad restaura la cubierta del edificio de la Escuela de Minas de Madrid

La Comunidad restaura la cubierta del edificio de la Escuela de Minas de Madrid

Por David Canellada
viernes 06 de agosto de 2010, 00:00h
La Escuela de Minas es una de las joyas arquitectónicas que esconde Madrid, aunque su emplazamiento -entre las calles Ríos Rosas y Alenza- la ha condenado a jugar un papel secundario dentro de la ruta monumental de la capital. Levantado a finales del siglo XIX bajo la dirección de Ricardo Velázquez Bosco, uno de los elementos más destacados de este edificio es su cubierta interior. Visite las obras de restauración del lucernario
Esa cúpula -a base de hierro y cristal- es la estrella de un meticuloso proceso de restauración que se llevará a cabo este verano y que busca devolverle su esplendor original. Las obras -financiadas por la Comunidad y llevadas a cabo por la empresa Kerkide bajo la dirección del arquitecto Cristóbal Vallhonrat- se iniciaron el pasado mes de julio y deberán estar terminadas antes de que los alumnos de Minas vuelvan a las aulas.

Eso será a principios del mes de octubre. Para entonces, la cubierta y el lucernario diseñados por Bosco volverán a iluminar el patio central del edificio, concebido a modo de claustro y flanqueado por cuatro torreones de estilo francés decorados con motivos alegóricos inspirados en la minería (esculturas de mineros; esfinges, guardianas de la sabiduría; y grifos, guardianes de la tierra).

El director general de Patrimonio Histórico, José Luis Martínez-Almeida, visitó las obras este viernes. Durante la visita -en la que estuvo acompañado del arquitecto Vallhonrat y de técnicos de la Consejería y de la empresa pública Arproma-, Martínez-Almeida subrayó que el ejecutivo regional ha invertido 363.871 euros en el lavado de cara del gran lucernario.

Esa cantidad forma parte del 1 por ciento del presupuesto que la Comunidad de Madrid destina para recuperación de lugares emblemáticos de la región y que también se ha visto afectado por la crisis. "Ha habido una reducción de fondos para la restauración, pero se está sustituyendo con imaginación", señaló, sin dar más detalles, Martínez-Almeida.

"Es una de las mejores piezas arquitectónicas de finales del siglo XIX", subrayó Vallhonrat durante la visita. A pesar de ello -y de haber sido declarado Monumento Nacional-, el edificio ha quedado encajonado en el ensanche de Madrid "y muy presionado por los edificios de alrededor". Este emplazamiento, de hecho, no era el original. Según recordó Vallhonrat, la idea era situar la Escuela de Minas en el parque de El Retiro. "El Ministerio, sin embargo, encontró un solar en esta zona, que entonces estaba vacía, y decidió construirlo aquí".

Una estructura de 200 metros cuadrados de superficie
Corría el año 1884. Las obras durarían hasta el año 1893, y el Madrid de entonces permitía apreciar el edificio desde cualquier ángulo. Ahora, sin embargo, los murales creados por el ceramista Daniel Zuluaga en las fachadas laterales del edificio -también con motivos alegóricos sobre la ciencia y la minería- quedan sepultados por las construcciones vecinas.

Lo mismo sucede con el propio lucernario, una estructura de hierro -a base de unas piezas metálicas de acero laminado y fundido en forma de T- que sujeta una cubierta de vidrio armado de cerca de 200 metros cuadrados de superficie (20 de largo por diez de ancho). De ellos, aproximadamente la mitad corresponden al cristal, y el resto compone la estructura de hierro recubierta por un artesonado de madera y zinc.

El paso del tiempo, sin embargo, había provocado filtraciones y goteras en la cubierta. El proceso de restauración, ahora, busca mejorar el aislamiento del lucernario y recuperar su luminosidad original y, de paso, reivindicar un espacio dentro del Madrid monumental para esta pequeña joya olvidada.
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