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Fachada principal de la iglesia de San Millán y San Cayetano en la calle de Embajadores.
Fachada principal de la iglesia de San Millán y San Cayetano en la calle de Embajadores.

El santo que sí despacha

Por Enrique Villalba
viernes 06 de agosto de 2010, 07:30h
El día 7 de agosto se engalanan las zonas de Cascorro y el Rastro. Son las fiestas del barrio, aunque su origen está en la esquina de las calles Embajadores y Oso. Allí está la parroquia de San Cayetano.
Cayetano de Thiene nació en 1480 en Vicencia, cerca de Venecia. Fue doctor en Derecho Civil y Eclesiástico. Con 36 años se ordenó sacerdote después de tener la visión de que la Virgen le ponía al Niño Jesús en brazos en la basílica de Santa María la Mayor. Es en esta postura en la que está representado en la calle de Embajadores. Creó dos centros hospitalarios para pobres y una orden de clérigos regulares que se dedicaba al apostolado y la ayuda a los necesitados: los teatinos.

La iglesia tuvo un antecedente en un oratorio dependiente de la parroquia de San Justo, fundado en 1612 por Diego de Vera Ordóñez de Villaquirán, caballero a las órdenes cardenal de Toledo, Bernardo de Rojas y Sandoval. En 1633, el edificio se cedió a los teatinos que habían recibido esta cesión después de trabajar durante cuatro años en el hospital de los Italianos. Entre 1656 y 1761 se construyó un nuevo templo con cuatro capillas y una planta cuadrada central con cúpula monumental, obra de Marcos López. La fachada barroca fue realizada hacia 1745 por Francisco Moradillo y está flanqueada por dos torres campanario. En los arcos de entrada hay hornacinas con las imágenes de la Virgen, San Cayetano y San Andrés Avelino.

"Yo no despacho"
Cuentan que en el siglo XVII, una mujer pidió un favor a San Antonio de Padua. Encontró el papel de su ruego en el suelo, no entre las manos de la imagen, donde había sido colocado, con una respuesta: "Acuda a San Gaetano, que yo no despacho".

El templo tuvo poco éxito y fue desalojado en el Trienio Liberal por orden de las Cortes para ser ocupado por franciscanos. Estos nuevos monjes fueron llamados 'gilitos' por haber vivido desde 1606 en el convento de San Gil de la plaza de Oriente, destruido en la ocupación francesa. En 1829, los teatinos pidieron la devolución del templo, que acabó siendo un espacio de ayuda a la parroquia de San Millán. Esta fue derribada en 1869, dejando a San Cayetano como parroquia oficial del barrio. Pasaron por allí 23 retablos, más de 30 altares, 54 esculturas y numerosos cuadros. Incluso se llevaron a la iglesia las campanas de San Millán, que avisaban de los ajusticiamientos que se realizaban en la plaza de la Cebada. Una de las esculturas más conocidas era la de San Antonio Abad. Todos los años, los cabestreros realizaban una romería en sus honor. El gremio se situaba en las calles que unen Mesón de Paredes con Embajadores.

Dinamitada e incendiada
San Cayetano, patrón de la Providencia y las parturientas, tomó importancia. Desde la regencia de María Cristina hasta el reinado de Alfonso XIII, los reyes y los nobles (entre ellos, la duquesa de Alba, de ahí la tradición en la familia de llamar Cayetana a la primogénita) acudían todos los viernes a su misa. Era costumbre que los monarcas encendieran varias velas en cada rito a cargo de Palacio. El propio rey participaba en las fiestas, en las que se exponían insignias y reliquias del santo, una carta autógrafa y un trozo de su capa.

En 1936, la iglesia fue incendiada y el techo volado con dinamita. Sólo se salvaron la fachada barroca, un centenar de tomos del archivo y algunos cálices donados por Isabel II. Estos últimos, junto a unos libros, fueron devueltos de forma anónima. En los años cincuenta comenzó una campaña vecinal para salvar de su grave deterioro la popular iglesia. Se transformó en comisión oficial.

Avalanchas por flores
Las obras fueron encargadas al arquitecto Manuel Martínez Chumillas. Permitieron recuperar la cúpula central y el altar de San Cayetano. La iglesia fue reabierta en 1962 (con el bautizo de Cayetana Mercedes de Alba) y declarada monumento histórico artístico en los ochenta. En las calles se celebró la recuperación con fiestas adornadas por mantones, banderas, cucañas, concursos de canción española, de peinados, de mantones de Manila y de rondallas.

Desde entonces, las fiestas se suceden año atras año con una procesión solemne por Embajadores. La imagen del santo se saca sobre una carroza adornada. La tradición dicta que los fieles deben coger una de las flores de la carroza. Y es que quien reza al santo y coge una flor tendrá trabajo y pan todo el año. Ha habido ocasiones que la gente, con el miedo de no llegar, se ha arrojado delante de la carroza en los últimos metros para permitir que la avalancha de gente coja su trofeo.

En el plano vecinal, las calles se llena de chulapos, la sangría corre por boca de conocidos y extraños, y las actividades se extienden por corralas, plazas y patios. En los últimos años, la apertura de la zona ha permitido que las fiestas incluyan numerosas representaciones de ciudadanos extranjeros, convirtiendo San Cayetano en la más multicultural de las fiestas de Centro. Como particularidad, las vecinas de la calle del Oso celebran desde hace 30 años su particular fiesta castiza, mientras que los de calle de San Cayetano han abandonado la costumbre. Al principio, repartían limonada y adornaban las calles con flores. Organizaban actuaciones e imitaciones de los principales artistas de la época. De esa época sólo queda Emy, una cantante que desde hace 25 años canta en las fiestas y que se ha convertido en todo un icono del barrio.
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