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Crítica musical: Diego el Cigala en los Veranos de la Villa

Crítica musical: Diego el Cigala en los Veranos de la Villa

Por MDO
lunes 02 de agosto de 2010, 00:00h
Actualizado: 03/08/2010 17:06h
Lo llevo de nuevo a su campo y salio victorioso. Parece que este artista flamenco oriundo de Lavapiés es capaz de tocar todos los palos, llevarlo a su repertorio y seguir haciendo un flamenco puro con pinceladas y guiños al nuevo público.
Ya nos mostró su capacidad con ritmos de jazz con el maestro Bebo al piano, y esta vez nos deslumbro con el tango argentino. Aunque no faltaron algunas zambas, milongas y, como no, bulerías. El artista empezó suave su actuación, como quien calienta motores en una mañana de invierno, pero poco a poco se fue entonando, acompañado de un magnífico bajo y un discreto, pero no menos sobrecogedor, chelo comenzaba a deslumbrar.

El primer hito de la noche lo dio la salida a la palestra del guitarrista Juanjo Domínguez que magnífico y sobrenatural fue quizás el mejor de la noche, con permiso del artista. Y como no podía ser de otra manera, iniciaron su dúo a solas con el famosísimo ‘El día que me quieras’.

Continuaron los dos calentando al público en una noche agradable con un entorno inmejorable, en el que la catedral de la Almudena y el Palacio Real fueron testigos de esta maravillosa actuación. El punto ya estaba puesto, ya solo faltaba que el resto de la banda se fuera uniendo y condujeran la velada a su clima propicio. Fue entonces el momento del guiño al mar de plata, irrumpiendo en el escenario Nestor Marconi, abrumando con su melódico acordeón y haciendo del palo flamenco una oda a la picaresca burlona de su arte.

Confundidos ya por el éxtasis musical, la banda al completo: chelo, bajo, acordeón, piano, violín, y como no, los cajones y guitarras flamencas, se lanzaron a otro tango habanero, ‘Youkali’. En esta canción los momentos de fusión rozaban cumbias, tangos y toques rumberos al ritmo de un jazz latino impuesto por un gran bajo y un piano acorde a su predecesor, pero sin llegar a ser el del Gran Bebo.

Ya para entonces había un ir y venir de ritmos que, junto con la complicidad de los músicos, llenaron de satisfacción a un público contento y con las expectativas no defraudadas. Pero Diego no se podía marchar sin tener dos últimos ases en la manga, sin duda eficaces a la par que letales, y para ello, retomó la ‘Niebla del Riachuelo’ de su anterior disco. Para finalizar la velada, el Cigala invitó al escenario al trompetista Jerry Gónzalez, que para colmo de la orgiástica fusión musical puso el toque inconfundible de su trompeta.
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