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El jardín solitario del Museo del Romanticismo

El jardín solitario del Museo del Romanticismo

Por Carmen M. Gutiérrez
miércoles 16 de junio de 2010, 00:00h
El jardín del Museo del Romanticismo está solo. En otoño está previsto que abra el salón de té que da al jardín y que los usuarios lo puedan disfrutar de cerca. Madridiario repasa su historia.
Tras nueve años de rehabilitación, este museo estatal volvió a abrir sus puertas a finales de 2009, pero no lo hizo totalmente. La reapertura del jardín coincidirá con la inauguración de la tienda y la puesta en marcha la cafetería del Salón de Té, desde donde se contempla y se accede a él. Solo estará abierto, no obstante, en verano y primavera, así que puede que haya que esperar más meses para entrar en él o que solo se pueda visitar durante unos pocos días de finales de verano. 

Entonces se podrá conocer de cerca el pequeño jardín de estructura francesa con parterres, al que durante esta rehabilitación se le ha querido dar un aire más romántico sin tocar la estructura compuesta por cuatro parterres alrededor de una fuente. "Le hemos querido dar un toque más antiguo y romántico, con la plantación de más vegetación y flores; y la introducción de piedras, objetos antiguos y una escultura", afirma la directora, Begoña Torres.

Entre la vegetación de este rincón verde del barrio de Malasaña, pueden verse antiguos jarrones metálicos y envejecidos que se encontraron en el museo, cerámicas de Talavera -aunque no son las originales del edificio-, objetos que dan aire de antiguo, como un pozo que estaba en otro de los patios,  una evocadora escultura y la mesa del Café Pombo, en la Ramón Gómez de la Serna y sus compañeros mantenían una famosa tertulia.

Magnolio centenario
Sobre estos objetos decorativos, cae la sombra de un ciprés, una palmera o un magnolio centenario, que ha crecido más hacia lo alto que hacia lo ancho buscando la luz del sol entre las paredes del patio, rodeadas en parte por hiedra. Para su nueva etapa abierto al público, se ha aumentado la vegetación, con plantas de floración escogida y en la fuente central crecen nenúfares.

El jardín ha cambiado de aspecto en diversas ocasiones desde la construcción del palacete en 1.776, de estilo barroco madrileño en su interior y neoclásico en la fachada. La primera descripción que hay de él se refiere a su habilitación en la época romántica por los condes de Puebla Maestre. El autor es el Marqués de Saltillo, quien lo describía con dos puentes, vanos con esculturas y plantas exóticas.

Después sufrió varias rehabilitaciones. Por ejemplo, los paneles de madera con motivos florales de una de las paredes son de 1995 y ahora han sido barnizados para quitarles el color chillón. En una de las reformas del edificio se perdió el ajardinamiento de uno de los tres patios que le dan luz. Se conserva otro conocido por la parra que lo cubre, que se encuentra frente a la puerta de entrada.

Por el momento, el recoleto jardín del magnolio se puede ver desde las ventanas de las salas del museo, a las que se les han puesto filtros para no dañar las obras de arte y objetos de época expuestos. "Cuando venía de pequeña siempre intentaba mirar por las rendijas para verlo", se confiesa Torres. En unos meses, será accesible para todos los visitantes.
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