Después de muchos siglos, el cultivo de rosas vuelve a los orígenes. En la edición número 54 del Concurso Internacional de Rosas Nuevas Villa de Madrid, la variedad ganadora ha sido una de floración sencilla, aunque no por eso menos original.
La flor por excelencia, la rosa, sigue sorprendiendo por su variedad. Esto se debe a que, "aunque se ha trabajado más que ninguna, los cultivadores continúan siendo capaces de innovar en este oficio milenario", como explicó durante la entrega de los galardones del concurso, celebrada este viernes, la delegada de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Madrid, Ana Botella.

Durante los próximos días, antes de que se marchiten, se puede comprobar lo diferentes que pueden llegar a ser entre ellas en la Rosaleda del Parque del Oeste, donde se encuentran las 69 variedades participantes en el concurso. En total, en este rincón del distrito de Moncloa-Aravaca, se pueden contemplar hasta 20.000 ejemplares, de 570 variedades.
De entre todas, la premiada por el jurado de expertos con la Medalla de Oro ha sido la número 50, en la que el jurado se ha fijado porque recupera la forma natural de la flor, la tendencia de moda, como explica el director general de Patrimonio Verde del Ayuntamiento, Federico Sepúlveda. Las rosas silvestres solo tenían cinco pétalos y, hoy en día, sería fácil no identificarlas al verlas, salvo para los expertos.

"El jurado también se ha fijado en el color, muy original de un amarillo fuerte, con tintes rojizos, y rosa a la vejez", continúa Sepúlveda, quien señala que otra característica del rosal ganador, de procedencia italiana, son los pétalos rizados. La Medalla de Plata también ha ido a parar a otra flor de forma sencilla y, en este caso, de un fucsia intenso.
La elección del jurado contrasta con el gusto del público que ha premiado una rosa tradicional y de color clásico en esta planta, el rojo. "Tiene poco valor como rosa nueva, pero es bellísima", indica el responsable de los espacios verdes de la capital.
Además de los elementos estéticos, el jurado también valora otros criterios y muchas son descartadas antes de la elección final, debido a que no han florecido, son débiles frente a plagas o, directamente, no han crecido los rosales. En este caso, el número que las identifica está volcado.

El olor también es importante y se le dedica un premio especial, que este año ha recaído en una variedad de color rosa, grande y dynamica, de un intenso aroma. Para percibirlo hay que acercarse, pues por los caminos de La Rosaleda se mezclan los perfumes de las rosas, que durante unos días, estarán en su mejor momento del año.