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Reciclaje metafísico en Soledad Torres Acosta

Reciclaje metafísico en Soledad Torres Acosta

jueves 29 de abril de 2010, 00:00h
De la basura no solo se pueden sacar materias primas para elaborar nuevos objetos, sino también poesía. La exposición de juegos de Joan Rovira, que estará durante todo este viernes en la plaza de Soledad Torres Acosta, ofrece la posibilidad de comprobarlo.
Esta céntrica plaza madrileña se ha convertido durante un día en un parque de juegos reciclados. Su artífice es el catalán Joan Rovira, quien tras trabajar en una fábrica pulsando cada día 3.600 veces una palanca para atar salchichas, tuvo la oportunidad de ponerse al otro lado y ser él mismo el que crease máquinas y, además, mucho más sugerentes y delicadas.

Están realizadas con piezas de bicicletas, como frenos, ruedas o manillares, arandelas, hélices, cables, hierros de todas las formas y colores, y objetos diversos, como espumaderas o canicas. Con estos materiales el inventor crea pájaros en peligro de extinción, camellos y "gigantes un poco maleducados que se meten el dedo en la nariz", como indica uno de los miembros de Guixot de 8, el taller comandado por Rovira.

Desde la apertura, la instalación situada en la plaza de Santa María Soledad Torres Acosta, más conocida como plaza de los Cines Luna, ha contado con la presencia de personas de todas las edades que han podido comprobar su habilidad con los juegos y escuchar las sabias explicaciones de su creador. "Estos juegos gustan a los niños, pero hay niños de muchas alturas y algunos muy altos", aclara Rovira.

Los materiales con los que se crean proceden de un punto limpio situado a 300 metros de su taller situado en Tona (Barcelona), donde se reciben residuos de toda la mancomunidad. Antes de ser utilizados los desechos tienen que pasar una temporada en depósito "hasta que maduran" y el artista decide en qué se convertirán.

La fábrica
Para el proceso de creación de los juegos, Rovira cuenta con una maquina realizada con objetos reciclados que también ha traído a Madrid. La fabricación empieza colocando la idea en el depósito de observación para tomar medidas, pesos y analizarla en todos sus aspectos; después pasa al de la curiosidad, en el que el autor se pregunta si es necesario, peligroso, interesante y otras aspectos importantes.

A continuación, llega al depósito de la imaginación, que es "un bien escaso", donde se produce la explosión de la idea. "Como pueden aparecer cosas que no nos gusten, como elementos sexistas o agresivos, la máquina tiene una chimenea por donde pueden escapar". También tiene unas válvulas de habilidades y, algo fundamental, un depósito donde se introducen las cosas viejas que se van a usar. Finalmente, los objetos salen todavía pequeños por un tubo y hay que dejarlos crecer.

Con la ayuda de esta máquina, y de un payaso, un hombre loco y la belleza como fuentes de inspiración, Rovira lleva treinta años creando estos juegos de habilidad, al principio como 'hobby' y después para llevarlos a ciudades de los cinco continentes. Esta es la segunda vez que su obra pasa por Madrid bajo el nombre de Reciclart, con la ayuda de la Junta del Distrito Centro. "Tengo el mejor trabajo que puedo imaginar", confiesa.

Y, por último, una reflexión sobre el reciclaje de alguien que comenzó a recuperar materiales usados antes que nadie, al menos en España. "En la sociedad actual no es que sea una moda, sino que es una necesidad, pero muchas veces hay cierta parte de oportunismo".
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