El Supremo, el más alto tribunal
Por
Pedro Fernández Vicente
miércoles 21 de abril de 2010, 00:00h
Actualizado: 27/04/2010 13:38h
Todo lo que ocurre últimamente alrededor del denominado como caso del juez Garzón me escandaliza. Mejor dicho, me escandalizan los gritos y berridos de esos que se consideran la justicia y no respetan a las instituciones. Me escandaliza el debate en el que pretenden meternos a todos para crear dudas sobre el Tribunal Supremo y la justicia, en caso de no convenirles sus iniciativas; las opiniones escasamente pensadas e interesadas; la falta de respeto a las decisiones judiciales, si no les gustan; el poco valor que se le concede a la libertad de expresión, especialmente quienes utilizan la frase en exceso sin creer en ella, si la opinión no defiende sus intereses; al lenguaje radical e intolerante que llena renglones y renglones.
Me escandalizan esas bandas, porque son auténticas bandas, de políticos que solo buscan la propaganda más baja, sin importarles la consecuencias, para mantenerse en esos puestos a los que nunca deberían haber llegado. Me escandaliza que un grupo de voceros insulten a los representantes de Instituciones tan importantes como el Tribunal Supremo, por lo que representan de cara a la estabilidad que con tanto esfuerzo nos hemos ido creando entre todos, durante la etapa de la transición y en lucha constante contra quienes se resistían a soltar el poder porque era solo de ellos. Y el comportamiento democrático ¿qué?. ¿Es mejor llevarnos a todos a un enfrentamiento irracional disfrazado de debate público.
Aquí no se trata de juzgar, sino de respetar. De respetar las reglas democráticas, respetar el sistema que hemos elegido. La democracia, la gran desconocida según se ve, se basa en la libertad de todos y en el respeto del otro, por lejos que se sitúe ideológicamente. Respetar al igual o al de al lado es fácil. La democracia es saber llegar a acuerdos, pactar aunque las ideologías sean dispares.
Esta, la democracia, es la fórmula por la que hemos optado entre todos y además de forma democrática, ¿por qué la quieren romper y pisotear?. La calle no admite ese lenguaje, no comparte esa concentración contra el Supremo, porque se trata del Tribunal más alto del país y quienes no sientan la necesidad y la responsabilidad de defenderle y respetarle, no deberían ocupar puestos relevantes dentro de la administración, deberían dimitir, marcharse por incompatibilidad.
También el pueblo tiene que hablar, pero no para sumarse a una postura, sino para expulsar del sistema a quienes no saben estar y quieren confundirnos a todos. Para eso están las opiniones y finalmente los votos.