miércoles 21 de abril de 2010, 00:00h
Actualizado: 27/04/2010 13:38h
La calle de Atocha es una de las pocas calles del centro de la ciudad donde se hace la vista gorda a la doble fila y a las operaciones anárquicas de carga y descarga. No alcanzo la razón por la cual en esta calle tan importante de penetración al centro de Madrid se permite que permanentemente haya vehículos mal aparcados, que entorpecen una circulación ya de por sí difícil en esta vía, y se mira hacia otro lado cuando la carga y descarga se ejerce sin orden ni control a cualquier hora y provocando importantes retenciones circulatorias.
Se da la circunstancia de que el tramo de esta calle, entre la plaza de Antón Martín y la de Jacinto Benavente, sólo cuenta con dos carrilles de circulación, uno de los cuales está reservado a autobuses y taxis, por lo que el otro queda como único para el tráfico en general y, claro, cuando éste se ve afectado por las labores de carga y descarga, no queda otro remedio que invadir el carril-bús, con el consiguiente atasco y riesgo de que el vehículo pueda ser denunciado, aunque como digo, la ausencia de agentes de movilidad hace casi imposible esta posibilidad.
No creo que haya otra calle en Madrid, que como esta de Atocha, esté dejada de la mano de la vigilancia municipal. Desde la glorieta de Carlos V hasta la plaza de Benavente, en dos tramos muy diferenciados, la calle es un auténtico caos, especialmente a las horas punta. La calle del caos, de la desidia, donde cualquiera puede aparcar a su antojo en doble fila, o donde se puede ocupar el único carril de circulación general para cargar o descargar mercancías. Un poquito de vigilancia no vendría mal; un poquito de orden, incluso vendría bien; destinar a esta calle a algunos de los agentes de movilidad que en otras zonas cercanas se les ven en grupito y animada charla, sería razonable y quizá con ello se evitaría que esta popular calle de Atocha fuera la calle de tócame Roque.
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Cronista Oficial de Madrid y Getafe
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