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Otra semana de corrupciones

Otra semana de corrupciones

Por Ángel del Río
lunes 12 de abril de 2010, 00:00h
Actualizado: 20/04/2010 12:43h
Una semana más la vida política vuelve al primer plano de la actualidad, aunque nos quede la triste resaca de la semana pasada con flecos tristes, como el terrible accidente de aviación en el que murió el presidente de Polonia; el fallecimiento de nuestro compañero de la prensa deportiva, Juan Manuel Gozalo, y por otra parte la triste noticia para el madridismo militante de la presumible muerte súbita deportiva del Real Madrid en esta Liga, después de que el pasado sábado el Barcelona de Messi le asestará dos puñaladas mortales.

Como les decía, estrenamos semana con temas viejos. Seguro que el caso Gürtel no va a morir de inanición, sino todo lo contrario, lo van a alimentar los socialistas para que engorde y engorde hasta la obesidad mórbida, y seguro que los socialistas estarán tratando de matar por inanición o por olvido el caso de Trinidad Rollán, que es de los suyos, imputada por prevaricación y para la que la fiscalía pide 8 años de inhabilitación, cuestión que Tomás Gómez entiende como pecata minuta, nada comparable al Gürtel, y que los del PP entienden como que en todas partes cuecen habas y en la del PSOE, a toneladas, que es lo que tiene la política: que la gravedad es del color del cristal con que se mira, o que la feria va por barrios, por sedes, y aquí el asunto de la corrupción no respeta siglas y cada hijo de la política puede ser un corrupto en potencia, vaya por la derecha, por el centro, por la izquierda o camine por los andurriales de la perversión.

Y como añadido a este espectáculo, el del juez Garzón, de cuya imputación en tres cuestiones distintas, muchos, muchísimos, se alegran; otros, discrepan, y algunos hacen defensa activa de su persona y de su inocencia, porque no les cabe en la cabeza que un juez absolutamente politizado, pueda llegar a sentarse en el banquillo de los acusados, porque creen que debe ser intocable, incuestionable y que su honradez se le supone por sus puñetas y por haber tenido la gallardía, el arrojo, el valor de pedir el certificado de defunción de un dictador muerto y bien sepultado bajo una losa de varias toneladas.
Cambian la semanas, y hasta el tiempo, pero hay cosas de la política que siguen y siguen como el conejito de Durazel. No se les agotan las pilas, aunque terminen agotándonos a todos.

Ángel del Río

Cronista Oficial de Madrid y Getafe

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