El doctor Jesús Ángel Fernández-Tresguerres es director del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, a la que está vinculado desde hace 35 años. Además, es miembro de número de la Real Academia Nacional de Medicina. Este investigador, junto a su equipo, lleva más de doce años estudiando en animales cómo prevenir o retrasar los efectos del envejecimiento regenerando los tejidos.
¿Qué es el envejecimiento? Según el doctor Fernández Tresguerres “el envejecimiento podría definirse como el conjunto de procesos que inducen una serie de cambios en las células y tejidos que van disminuyendo progresivamente la capacidad de mantener la homeostasis (disminución de la capacidad de adaptación a los estímulos ambientales), haciendo el organismo más vulnerable e incrementando el riesgo de enfermedad y muerte”. “Se trata de un proceso progresivo, paulatino y universal, que afecta a todos los individuos de una misma especie y que tiene lugar, especialmente, en la etapa post-reproductiva de la vida. En principio, se trata de un proceso irreversible, aunque la Medicina actual trata de retrasarlo o incluso de revertirlo parcialmente mediante determinadas intervenciones”.

El doctor Fernández-Tresguerres, en su calidad de endocrino, comenzó muy pronto a plantearse la utilidad de algunas hormonas en la solución de determinadas enfermedades. En un principio se ocupó de los problemas de crecimiento y su tratamiento con la hormona de crecimiento (GH). Se planteó cómo podrían aplicarse las hormonas en terrenos más amplios y contra otras enfermedades y, entre todas, la más irreductible: la vejez. “Nosotros hemos estudiado, primero, cómo ocurre el envejecimiento. Y luego, cuáles son los mecanismos moleculares que subyacen en el proceso.
¿Por qué disminuyen las hormonas? La respuesta es que para la naturaleza, una vez que hemos criado a nuestros hijos estamos, por decirlo así, de más en el mundo. La disminución de las hormonas sería un mecanismo natural que vendría a ayudar en este proceso. La secreción de GH y de los niveles plasmáticos y tisulares de IGF-I, que es el mediador para la mayoría de sus acciones biológicas, disminuye con la edad, presentando los ancianos niveles muy disminuidos en relación con los más jóvenes. Esto acarrea una serie de cambios metabólicos y de composición corporal como la disminución de masa muscular y ósea y el aumento de la adiposidad que ha determinado la acuñación del termino “somatopausia” para referirse al fenómeno.
El equipo que dirige el doctor Fernández–Tresguerres se ha centrado durante estos últimos doce años, sobre todo, en el estudio de cuatro hormonas. La
GH, u hormona del crecimiento, la
melatonina, los
andrógenos y los
estrógenos. EL GH incrementa la capacidad psicológica en los adultos con déficit de esta hormona, y tiene efectos beneficiosos sobre la memoria, la alerta mental, la concentración, la motivación y la capacidad de trabajo.
Los estrógenos, introducidos en ratas viejas castradas, son capaces de restituir la estructura histológica del animal joven y de mejorar los parámetros del estrés oxidativo en los queratinocitos cutáneos. Esto se traduce en un rejuvenecimiento de la piel. Los estrógenos parecen tener efectos beneficiosos también sobre el tejido nervioso, ejerciendo acciones neuroprotectoras, en distintos modelos del daño neuronal, como el estrés oxidativo, la hipoxia, etc. Según el doctor Fernández Tresguerres, podrían estar implicados en la remodelación de sinapsis y dendritas, y en la regulación de neurorreceptores y neurotransmisores. Tanto los estrógenos como los fitoestrógenos, incrementan la neurogénesis, de modo que las ratas viejas tratadas con estas hormonas tiene un número de neuronas nuevas superior al de las ratas no tratadas. Ejercen también efectos beneficiosos, particularmente, de tipo antidepresivo, pero también sobre la memoria, la alerta mental y la motivación.

La melatonina es una hormona secretada por la glándula pineal, aunque también está presente en otros tejidos, donde probablemente, ejerce un efecto local. En los humanos, los niveles de melatonina en plasma comienzan a descender, a partir de los 25-35 años; y al llegar a la edad de 40-60 años se tienen unos níveles que son de un 35 al 50 por ciento inferiores, a los normales en un individuo joven. De hecho, a partir de los 40-50 años comienzan a alterarse y desincronizarse nuestros ritmos, generándose alteraciones funcionales, conductuales y de adaptación, que son muestras de envejecimiento. Una de las causas de que los individuos de edad avanzada sufran un mayor daño oxidativo, se debe precisamente a la disminución de la producción de melatonina inducida por la edad.
El proceso de envejecimiento es distinto para cada individuo, por lo que el deterioro que acusan no se corresponde necesariamente con su edad cronológica. Del mayor o menor ritmo de envejecimiento es responsable en parte la carga genética, pero aún más las propias condiciones de vida. Para atender a ellas, se han creado las Unidades Antienvejecimiento, cuyo fin es aplicar los conocimientos actuales a ralentizar el deterioro de las funciones fisiológicas que se producen con los años.
El doctor Fernández- Tresguerres se muestra convencido de que, si se llevan a cabo los tratamientos propuestos, se podrá perfectamente, en un futuro más o menos inmediato, conseguir una vida de plenitud física e intelectual en la vejez. “La gimnasia tanto física como mental -recomienda-, una comida sana con abundantes frutas y verduras, restricción de carnes rojas y en general de proteínas animales, con una pequeña reducción de calorías, los antioxidantes y en algunos casos especiales, algún fármaco o alguna hormona, pueden conseguirlo”. Su trabajo continúa adentrándose por los secretos del metabolismo humano, en un campo que ofrece espectaculares posibilidades de aplicación preventiva, en lugar del concepto tradicional de medicina curativa. Se trata de acudir a las causas, para prevenir los efectos. Quizás en estas coordenadas se centre el desarrollo de la Medicina del Siglo XXI.
Fuente: Dr. Jesús Ángel Fernández-Tresguerres. Director del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense y miembro de número, de la RANM.