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Tiempo de berrea

Tiempo de berrea

martes 06 de octubre de 2009, 00:00h
Bramidos atronadores, carreras constantes, luchas y una alerta permanente. El instinto de procreación de los ciervos es tan fuerte durante la época de celo que casi llegan a olvidarse de procesos básicos para sobrevivir como alimentarse. Madridiario ha tenido el privilegio de acceder a la parte vedada de la finca de Riofrío (Segovia) para conocer de cerca la berrea.
Entre encinas, fresnos y sabinas, ciervos y gamos pasan sus días tranquilamente en la finca de 625 hectáreas del Palacio Real de Riofrío. Una paz que se ve alterada por la berrea cada otoño con las primeras lluvias, cuando estos ungulados entran en celo. Especialmente, el de los ciervos es uno de los cortejos animales más impresionantes de la fauna ibérica. 

Los ciervos suelen formar grupos separados de machos y hembras durante el resto del año, pero en la época de la berrea hacen un alto en esta organización con el objetivo de procrear. Para ello, forman harenes y no hay límites: cuantas más hembras mejor, pues así se multiplican las posibilidades de reproducirse, explica el guarda de Riofrío Fernando García Aparicio. Los ciervos más fuertes consiguen los mayores harenes, ya que mantenerlos implica un gran desgaste, al que solo ellos pueden hacer frente. Es, simplemente, una técnica de selección natural.

Máximo esplendor
Para proteger estos harenes y demostrar su superioridad los ciervos desarrollan cuernas, una de las herramientas de defensa de los machos. En esta época alcanzan su máximo esplendor tras el descorreado, momento en el que pierden el tejido que las recubre mientras crecen, un proceso que comienza cada año por primavera. Con ellas pelean los machos entre sí, aunque, al contrario de lo que suele pensarse, los enfrentamientos entre machos no son tan frecuentes ni tan peligrosos, según matiza García Aparicio.

Durante estos días en Riofrío, al igual que en otras partes del país e incluso de Madrid donde aún quedan ciervos, estos majestuosos animales caminan con porte altivo y no sin cierta sobreactuación, como señala el guarda. O mejor que caminar, se puede decir que se dedican a rondar para vigilar y controlar su grupo de hembras y a captar a todas cuantas puedan.

Cada vez que una de ellas sale del grupo, en el que descansan plácidamente, el ciervo va en su búsqueda. También tiene que estar pendiente de repeler la presencia de otros machos cerca de su harén. Con estas técnicas los ciervos se aseguran que no se les escapará el momento en que las hembras están preparadas para ser montadas, que dura solo un par de días y varía en el tiempo según el ejemplar.

Algunos animales pueden llegar a formar harenes de decenas de hembras, mientras que otros, pese a estar en edad adulta, no tienen más remedio que pasar la época de celo solos. No obstante, a veces, llegar en el momento justo al lugar oportuno puede darles el premio final, pues aprovechando la debilidad de los machos más fuertes tras semanas de esfuerzo constante, en las que casi no comen ni descansan, pueden arrebatarles a las hembras.

Mosaico sonoro
Además del espectáculo visual, está el auditivo, que quizá sea lo más característico de la berrea. Se trata de los escandalosos gemidos de los ciervos, que muestran su gran excitación en este época de celo. En Riofrío los bramidos se oyen desde largas distancias y se van superponiendo unos a otros hasta conformar un mosaico sonoro destinado a la procreación.

Unos ocho meses después de las cópulas nacen los cervatos. Cada año la población de ciervos y gamos crece en Riofrío alrededor de un 30 por ciento. Como el espacio y la alimentación son limitados y dentro de la tapia de este reducto natural segoviano no hay depredadores para estos ungulados, Patrimonio Nacional vende en vivo parte de ellos a otros espacios naturales.

En la actualidad, la población de Riofrío es de unos 250 ciervos y unos 800 gamos. Aunque tienen menos protagonismo, la belleza de los gamos es para muchos más delicada que la del ciervo. Se diferencia por su menor tamaño, por las manchas que presentan en el cuerpo y por sus cuernas aplanadas. En este caso, los bramidos se llaman ronca y, aunque su ritual de procreación es menos llamativo, al ser más individual, los enfrentamientos entre machos se dan con más frecuencia. "Son más cañeros", resume el guarda.

Recomendaciones
Una oportunidad para poder contemplar de cerca esta cita anual con la naturaleza es acercarse hasta este paraje, dependiente de Patrimonio Nacional. El visitante no podrá adentrarse en su interior, pero dispone de un área recreativa señalizada a la que se acercan e incluso acceden los animales y desde la que, si no ver, sí se puede escuchar la berrea.

Desde Madrid, Riofrío está a menos de una hora, pero es más recomendable dar un pequeño rodeo y acceder por la puerta de Hontoria, entrada natural de los segovianos. De esta manera, aunque no se puede detener el vehículo, sí se tiene la posibilidad de contemplar las entrañas de esta finca de variada vegetación, así como a sus cornudos habitantes, a lo largo de los cuatro kilómetros de carretera que llevan hasta el Palacio Real y la zona recreativa.
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