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Crónica de un chat callejero

Crónica de un chat callejero

miércoles 02 de septiembre de 2009, 00:00h
 Madridiario ha sacado su chat a la calle. Sentado sobre una esterilla en plena calle de Ferraz, donde dormirá este miércoles para pedir que le reciban las autoridades, el teniente de la Guardia Civil José Francisco Ruiz contestó las preguntas de los lectores de este digital. Así fue la experiencia.
A José Francisco le gusta llegar puntual a sus citas. Una hora antes de las 10.00, momento en el tenía previsto apostarse en la calle de Ferraz para pasar dos días a la intemperie, ya había desayunado en el bar más cercano y esperaba, de brazos cruzados, a que llegara el momento de trasladarse a la acera de enfrente.

La llegada del equipo de Madridiario le sirve de distracción. Para hacer tiempo, pues aún quedan diez minutos, se lanza a relatar a la redactora el vía crucis al que, asegura, ha sido sometido durante sus últimos años de servicio, hasta que la emoción le vence y decide tomarse un tranquilizante. "Es por la ansiedad", explica.

En cuanto dan las diez, haciendo caso omiso de la furgoneta de la Policía Nacional que vigila la sede del PSOE desde la acera de enfrente, saca su esterilla y comienza a montar el 'chiringuito'. Una pequeña estatua de la Virgen del Pilar —que lleva cuidadosamente envuelta en papel de regalo y en un material protector—, una estampita de la 'Pilarica', un rosario y varios folios con sus reivindicaciones salen de su mochila para 'decorar' lo que le hará las veces de hogar durante los próximos dos días.

Cuando los agentes vienen a identificarle, les saluda con un "compañeros", les explica que esto no es una protesta "sino un ejercicio del derecho a la libertad religiosa, porque yo puedo rezar a la Virgen del Pilar donde quiera, que es lo único que me queda", y, después de asegurarles que no va a alterar el orden, "porque sé que así pierdo la razón", les desea un buen servicio.

"Debe de ser Rubalcaba"
Mientras llegan las 11.00 y, con ellas, la cita con los lectores de Madridiario, Ruiz comienza a pasearse frente a su esterilla mientras reza un rosario. Se interrumpe para señalar un coche oficial que acaba de pasar como una exhalación: "Debe de ser Rubalcaba", comenta, y guiña un ojo a sus compañeros. Porque acaban de llegar dos miembros del SUGC para apoyarle, provistos de octavillas y de  tarjetas y dispuestos a explicar a quien se lo pida los problemas de la Guardia Civil.

Por fin, Ruiz, sentado en su esterilla y ya rodeado de periodistas y fotógrafos, empieza a chatear con los lectores. A estas alturas, el follón que se ha montado a su alrededor es ya considerable. Como ve que hay muchas preguntas, decide dictar sus respuestas a la redactora de Madridiario, mientras contesta, entre respuesta y respuesta, a otros periodistas que también han venido a cubrir el acontecimiento. Los policías observan la escena, atónitos, desde la acera de enfrente. Y constatan que el teniente está cumpliendo su promesa: solo rezar, atender a los medios y no armar escándalo, mientras espera con paciencia a que por fin una de las preguntas que le llueven sea formulada por Rubalcaba o por alguna autoridad competente.
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